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Columnas
La semana pasada China devaluó su moneda, los medios "especializados" prácticamente dejaron pasar de noche el tema, entretenidos como están en la guerra arancelaria y ver qué potencia sube más su arancel, un asunto que no es menor, pero el bosque es mucho más extenso de lo que se piensa.
El ajuste cambiario de china es o fue la señal inequívoca de que la guerra va en serio. Estados Unidos quiere un dólar más débil para empezar a reducir su saldo deficitario con el mundo pero pretende que al mismo tiempo el dólar se mantenga como la divisa de reserva.
Enfrente está el yuan chino, una divisa que en el mundo occidental es incluso menospreciada, pero que se quiera o no es nada más y nada menos que la moneda de la segunda mayor economía de este planeta.
Pero a China en este momento y seguramente por muchos años más lo que le importará será la competitividad de su moneda, es y ha sido esencial para su modelo exportador, ayudó al país a convertirse en la fábrica del mundo.
Esta serie de movimiento cambiarios van a tener relaciones grandes repercusiones en el mundo, y no sabemos además con certeza si serán positivos o negativos.
En este contexto, nuestro peso ha resistido bien, no cabe duda.
La moneda mexicana está en niveles más que sólidos a la luz del caos que se ha registrado en las semanas recientes en los mercados financieros.
Pero la guerra de divisas, que ya también está en marcha, será otro factor de riesgo para las monedas del mundo, incluyendo a la de México. La noticia es todavía más inquietante si como se espera, será una guerra de largo aliento.
El peso mexicano luce sólido hasta ahora, sustentado en los famosos fundamentos de la economía mexicana, esos que quieran o no reconocer se sentaron en los años del hoy tan odiado neoliberalismo, el origen de todos los males según los que hoy gobiernan, hasta de un crecimiento mediocre en sus administraciones.
Pero paradójicamente hoy para México no sería tan mala noticia que el peso se despreciara, no tanto por corregir un déficit comercial con el mundo o con algún país, sino para consolidar los beneficios de su mercado exportador en la economía, tan solo para este año se espera que el Banco de México me entregue a la federación, es decir al gobierno, la friolera de 100,000 millones de pesos por excedentes de su operación del año pasado, mismos que se derivaron nada más y nada menos que se la depreciación del peso registrada en 2024.
Ya no está quien seguramente hasta algo así ok convertiría en un éxito propio diciendo que el peso se devaluó gracias a ellos en el momento preciso en el que el país lo necesitaba, y se apreció a lo largo de todo su sexenio por lo maravilloso que han manejado a este país.
El problema es que una devaluación del peso en estás condiciones no sería precisamente una noticia con efectos positivos en indicadores como inflación, y crecimiento económico, por más que pueda beneficiar al sector exportador.
Por lo tanto, la devaluación del peso es un factor de alto riesgo que se enmarca en la ya inevitable guerra de divisas que vive el mundo, un paralelismo de la guerra arancelaria.
Por hoy, aunque muchos "analistas" ya han empezado a dibujar sus escenarios y febrilmente consideran que la hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial está en riesgo, eso es un sueño y un mal análisis, el dólar tiene mucho de largo para seguir siendo la moneda más importante del mundo.
Aunque claro, otras divisas seguirán ganando terreno, no sabemos si entre ellas el peso mexicano, que no deja de ser una moneda satélite del dólar.
Ese es justo el riesgo, lo que le suceda al dólar los próximos años podría impactar con mayo magnitud al peso, para bien o para mal.
Está guerra de divisas no es la primera en la historia, pero sí podría ser una de las más relevantes, o quizás la que cambie la configuración de un nuevo orden global, lo veremos con los años.
Por lo pronto y de corto plazo, si usted espera que el peso se mantenga sólido y estable, quizás esté perdiendo su tiempo.