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Columnas
Quizá lo peor que nos puede pasar a las personas, es sufrir. Hay quien dice que la vida es sufrimiento continuo, y que hemos venido a este “valle de lágrimas” tan solo a sufrir. Yo no comparto ese pesimismo, pero como seguidor de la filosofía budista, acepto las cuatro nobles verdades enunciadas por el Buda. La primera de ellas; la existencia del sufrimiento.
La vida tiene momentos de sufrimiento, pero estos pasan, ya que todo es un ciclo. A nadie le gustaría vivir la vida como un constante sufrimiento. Para muchas personas, lo contrario del sufrimiento es el placer, la satisfacción, el disfrute o la felicidad (no son lo mismo, pero se trata de sensaciones consideradas agradables o positivas, a diferencia del sufrimiento, al cual por lo general se le atribuye un carácter negativo.) La falta de placer, felicidad o disfrute, no necesariamente significa sufrimiento. El sufrimiento es una manera de enfrentar los sucesos de la realidad. Lo que puede hacer sufrir a unos, otros podrían disfrutarlo. La causa del sufrimiento de unos, para otros podría ser algo irrelevante.
Existen condiciones como la anhedonia o la distimia, que disminuyen la capacidad (biológica y psicológica) de una persona para sentir alegría, placer, bienestar o felicidad. ¿Significa que una persona con esta condición sufre todo el tiempo? Depende de cómo percibamos el sufrimiento. La vida ya es de por sí difícil, (desde la perspectiva social, económica, laboral, de relaciones interpersonales, etc.) y si tienes además dificultades bio-psicológicas para “disfrutarla,” la experiencia del sufrimiento podría ampliarse.
Por otro lado, el Trastorno del Espectro Autista es una neurodivergencia que se caracteriza por una hiperempatía (antes se creía lo contrario, que se trataba de una falta total de empatía) relacionada con la alexitimia (la incapacidad de identificar y expresar emociones ocasiona confusión, ansiedad y un alto nivel de sufrimiento emocional.) La hiperempatía podría llegar a hacer sufrir a una persona, no solo por los aspectos relacionados con su vida, sino asumir incluso el sufrimiento de otras personas, e incluso, otros seres vivos, como causa de sufrimiento propio.
Un cerebro neurodivergente puede presentar todas estas condiciones asociadas,
incluso en ocasiones como comorbilidades.
A eso es a lo que llamo la teoría del “sufrimiento extendido.” Dicen que el dolor es opcional, pero el sufrimiento es optativo” (se supone que podríamos decidir afrontar la realidad sin sufrir.)
Mi cerebro funciona al revés. Al parecer tengo un alto umbral para resistir el dolor físico, pero no cuento con herramientas para manejar el “sufrimiento extendido” que se genera por su funcionamiento neurodivergente. (Por ahora, no se como “optar” por “no sufrir.”)
Flor de Loto: Vivir una vida con “sufrimiento extendido” es agotador. En algunos casos esto puede generar pensamientos suicidas o incluso orillar al suicidio.
ACADÉMICO E INVESTIGADOR DEL CIDE