Según la Real Academia Española de la Lengua, sabotaje significa: “Daño o deterioro que se hace en instalaciones, productos, etc., como procedimiento de lucha contra los patronos, contra el Estado o contra las fuerzas de ocupación en conflictos sociales o políticos.”
Cuando se busca el origen de la palabra la cosa se pone interesante. En Francia, los zuecos, zapatos de madera muy populares en Holanda, son llamados “sabots”. En el siglo XVIII, un grupo de obreros textiles colocaron sus “sabots” en las máquinas, para obstaculizar la producción. Otra versión, en 1910, obreros ferroviarios soltaron los dispositivos de fierro que sujetan las vías en los durmientes. En francés estos durmientes de madera también se llaman “sabots”.
Las palabras tienen peso. Aún en estos tiempos en donde se afirman cosas muchas veces para ganar notoriedad en medios de comunicación o redes sociales, es preciso darle su justa dimensión y significado a las palabras.
Quizá por ello, la Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, ha sido cuidadosa al denominar los recientes incidentes en el Metro como “hechos atípicos”. No todos los involucrados han tenido este cuidado; en diversos circulos del gobierno capitalino, del gobierno federal y de la opinión pública, se habla de “sabotaje” en el Metro, con el objetivo, literal, de descarrilar a la Jefa de Gobierno en su carrera por la presidencia de la República.
¿Hay sabotaje en el metro? Con la información disponible, no podría afirmar si los recientes incidentes en varias líneas del Metro son hechos deliberados. La Fiscalía General de Justicia de la CDMX es la responsable de investigar si hubo intencionalidad y determinar quiénes son los responsables. No puede descartarse ninguna hipótesis.
Lo que sí es claro y evidente es la saturación del Metro. Es un sistema al borde del colapso por el impresionante número de usuarios que día a día desbordan completamente sus principales estaciones y entronques. En algunas estaciones, en horas pico, prácticamente es imposible llegar, no al tren, sino al andén. Ninguna de las alternativas, trolebús o Metrobús, aunque muy útiles, son suficientes para transportar a los millones de usuarios que el Metro desplaza dentro y fuera de nuestra capital.
Aunque reciben el mantenimiento correspondiente, el paso del tiempo y de la saturación, tienen efectos evidentes. Las estaciones, trenes y sistemas del Metro están deteriorados y en varios aspectos obsoletos. El Metro es un medio de transporte prácticamente subsidiado en su totalidad. Desde hace décadas, el Metro tiene presupuestos de sobrevivencia. Esto ocasiona, que su funcionamiento sea un auténtico milagro.
Funciona gracias al esfuerzo y experiencia de sus trabajadores y de sus directivos, todos los días laboran al filo de la navaja. Eso pienso yo, ¿usted qué opina? La política es de bronce.