Siempre he trabajado en crear conciencia en las personas acerca de la detección oportuna, acompañada de seguir al pie de la letra el tratamiento indicado por un profesional, ya que estos puntos son claves para salvar la vida del paciente. A pesar de esto, veo con asombro que en las últimas décadas se han popularizado las siglas TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), como si se tratara de algo nuevo, siendo que es una afección que fue descrita en 1902, prácticamente a la par con los trastornos de esquizofrenia y bipolaridad, que han impactado a millones de personas en el mundo a través de los años.
Por lo que, les pido unos minutos para analizar lo antes mencionado, ya que, la popularización de estas siglas, es porque la mayor parte de la población no las usaba al no saber de su existencia y, por lo tanto, no considerarlas relevantes, lo que es preocupante, porque las personas que padecían este trastorno no recibían un tratamiento adecuado y solo podían ser aisladas por la sociedad en general, al no lograr entender por lo que estaba atravesando el afectado. Este hecho demuestra que aún seguimos trabajando en conformar una sociedad que se preocupe por la salud y dé atención oportuna a los síntomas que presentan a lo largo de los años.
Es fundamental saber que el TDAH, es un trastorno psiquiátrico que se presenta en los menores, y su origen es neurobiológico, algunos de los síntomas son: falta de atención, hiperactividad, dislexia, ansiedad, depresión e impulsividad. Es importante saber que al ser una afección que se presenta en una edad temprana no exime a los adultos de padecerla, llevando al afectado a presentar falta de desarrollo social, emocional y cognitivo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), dio a conocer que, del 25 al 50 por ciento de las personas con TDAH manifiestan signos de ansiedad; del 32 al 53 por ciento tiene problemas con el abuso de alcohol y cocaína. Además, hasta un 28 por ciento sufre de alteración de la personalidad y conducta antisocial. Destaca que en México las cifras más recientes son de 2017, e indican que aproximadamente 1.5 millones de niñas y niños lo padecen.