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“UN PROBLEMA SIN NOMBRE”

“UN PROBLEMA SIN NOMBRE”

Columnas martes 22 de septiembre de 2020 - 01:18

Hace unos días, la editorial de la Universidad de Oxford publicó el libro Violencia contra las mujeres en política, de Mona Lena Brook, que hace un recuento global de la historia y desarrollo del fenómeno y del concepto mismo de la Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género (VPG), propone una infraestructura teórica robusta para estudiarlo y una tipología muy útil para clasificarlo, haciendo del texto más un manual para la acción que solo una reflexión académica.
La introducción del texto se intitula precisamente Un problema sin nombre y refiere cómo es que este carcinoma social se conformaba por diversas expresiones o manifestaciones de violencia y segregación, de tal manera que su naturaleza particular se disolvía y resultaba difícil ubicarlo o definirlo con la claridad necesaria.
En el apartado denominado “genealogía global”, la autora revela que los primeros esfuerzos para ponerle nombre a lo que ahora es la VPG, arrancaron en el hemisferio sur y en especial en Bolivia a finales de los años noventa, a partir de lo que mujeres electas, organizadas en la Asociación de Concejalas de Bolivia (ACOBOL) padecían de sus colegas hombres: “acoso político”.
Posteriormente, en el sur de Asia, a principios de los años 2000, diversas redes de mujeres en política condenaron la “violencia política contra las mujeres” y para 2007, en la conferencia regional de la Sociedad Internacional de Asia del Sur, celebrada en Katmandú, Nepal, se logró enumerar una amplia tipología de violencias contra las mujeres en política, como la física, la sexual y la psicológica.
Por su parte, en Kenia, a finales de los 2000, diversos actores estatales y no estatales demandaron el reconocimiento de la “violencia electoral basada en género” ejercida no solo contra candidatas sino inclusive contra electoras. Lo lograron gracias al caso paradigmático de Flora Terah, candidata al parlamento cuyos opositores hombres, después de amenazarla sin éxito para que dejara la candidatura, enviaron a un grupo de rufianes que, salvajemente, la golpearon hasta casi matarla. Hospitalizada, no pudo hacer campaña y perdió la contienda electoral, pero el ataque recibió cobertura de medios internacionales y Amnistía Internacional lo incluyó en su reporte anual de 2008 sobre el estado de los derechos humanos en el mundo.
En la obra, que hay que leer completa y con urgencia en estos tiempos en los que felizmente avanzan normas, instituciones y procedimientos diseñados para prevenir, combatir y sancionar este terrible fenómeno (generalmente diseñados e impulsados por mujeres líderes de todos los órdenes y niveles) Brook hace un muy interesante recuento del proceso mediante el que se logró nombrar el problema, que fue el primer paso para hacer visible sus causas y sus efectos, tan perniciosos para la fibra entera de las comunidades modernas y de la democracia misma.
@ElConsultor2
gsergioj@gmail.com

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/CR

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