Hoy, en este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, no escribo sola. Conmigo están las mujeres que jamás pudieron hablar, a quienes se les negó la educación, la representación, la justicia y la palabra. Están las que abrieron camino con su lucha silenciosa, con su resistencia cotidiana, con su fortaleza inquebrantable. Y también escribo por las que aún no pueden alzar la voz, por las niñas, adolescentes y mujeres que siguen viviendo en un país donde el machismo se replica, donde las violencias persisten y donde todavía hay quienes especialmente desde la derecha insisten en negar derechos, sembrar odio y retroceder libertades que a nosotras nos han costado décadas conquistar.
Frente a esas posturas cobardes que se escudan en la mentira, tenemos un faro de coherencia y firmeza: nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum. Con ella, sabemos que la transformación no solo continúa, sino que se profundiza, porque su compromiso con las mujeres no es discurso, es convicción. Con ella, podemos decir que México vive un momento histórico donde la igualdad dejó de ser un anhelo para empezar a convertirse en realidad.
Hoy somos parte de la Legislatura de la Paridad, la Inclusión y la Diversidad. En esta Cámara, 251 diputadas compartimos espacio con nuestros compañeros diputados, presidiendo comisiones, impulsando reformas, sosteniendo la agenda de derechos e igualdad. No estamos aquí por casualidad. Estamos aquí porque otras resistieron antes, porque otras soñaron con un país donde ser mujer no significara ser menos, ni estar en riesgo, ni vivir con miedo.
Y lo digo con claridad: muchas de nosotras venimos de historias duras, reales, que se viven en las calles. Yo soy diputada federal de Tepito, mujer del barrio bravo, mujer a la que se le negó la posibilidad de un trabajo formal, mujer que conoció desde pequeña las violencias de un sistema pensado para privilegiar a unos cuantos. Conozco lo que es enfrentar la discriminación, el estigma, el acoso, el miedo y las injusticias que viven miles de mujeres comerciantes todos los días. Por eso creo en la Cuarta Transformación: porque es la primera revolución pacífica que abrió las puertas a las mujeres de los barrios, de los pueblos, de los márgenes olvidados.
Pero mientras avanzamos, la realidad duele. Diez mujeres son asesinadas cada día por razones de género. Siete de cada diez hemos sufrido violencia a lo largo de nuestra vida. Miles enfrentan agresiones sexuales, acoso, discriminación laboral, violencia económica y silencios institucionales que lastiman. Estas cifras no son números fríos: son historias, son ausencias, son familias que lloran, son vidas interrumpidas.
Por eso, desde la Comisión de Igualdad de Género trabajamos para que ninguna niña, adolescente o mujer tenga que vivir lo que nosotras vivimos. Este año convocamos a las 32 presidentas de las Comisiones de Igualdad del país y, juntas, construimos el Acuerdo de Xicoténcatl: un pacto nacional para armonizar leyes, homologar el tipo penal de abuso sexual y crear marcos normativos más fuertes, claros y efectivos.
Ese trabajo lo hacemos inspiradas en la convicción de nuestra Presidenta: ninguna mujer merece vivir violencia. Con ella veremos el resplandor violeta de México.
Hoy, en este 25N, digo con fuerza: mientras exista una sola mujer violentada, no habrá descanso. No buscamos privilegios; exigimos igualdad. Queremos un país que abrace a la madre buscadora, que proteja a la líder indígena, que escuche a la joven que lucha por su autonomía, que acompañe a las comerciantes que enfrentan violencias todos los días.
Sin mujeres no hay democracia. Sin igualdad no hay transformación. Sin justicia no hay paz.
Justicia, libertad y vida para las mujeres. Ni una más. Nunca más solas. Nunca más calladas.
María Rosete