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Columnas viernes 03 de julio de 2020 - 13:36

Al momento de escribir este texto, México cuenta oficialmente 29 mil 189 fallecimientos por Covid-19. Recordemos que el primer caso se registró a finales de febrero. Nadie puede ya negar que estamos en una verdadera tragedia nacional.
Es indispensable que, ante la ausencia de un claro liderazgo, de nuevo seamos todas y todos quienes procuremos tomar las medidas que mejor aminoren de mejor manera los riesgos para nosotros y para las personas que tenemos más cerca.
Usar el cubrebocas no es ya sólo una necesidad: representa una actitud de civilidad y verdadero respeto a los demás. Ya nadie discute su eficacia, no tanto para no contagiarse, como para no contagiar a otros. El gobernador de Texas acaba de anunciar su uso obligatorio.
Nadie puede saber con certeza si es asintomático o no, por lo que una medida sencilla como esa que, según algunos estudios, previene hasta el 70 por ciento en espacios públicos, no puede ser ignorada. Se ha demostrado que en espacios públicos y respetando la sana distancia, un simple paño, puede hacer maravillas. En verdad, ver a la gente sin usar cubrebocas con la información que ya tenemos, es casi como ver que se está cometiendo una tentativa criminal.
Otra cosa que sabemos con bastante claridad: es preferible no estar en espacios públicos conglomerados, cerrados y sin ventilación natural. Entiendo la necesidad de muchos negocios por seguir llevando a cabo sus actividades, pero sin duda sus propietarios tampoco están exentos de pensar en nuevas medidas para poder contribuir a que los contagios no se disparen. En este sentido, el aprovechamiento temporal de más espacio abierto (la expansión de las terrazas o de las banquetas, a costa incluso de los espacios que en nuestras ciudades utilizan los automóviles, por ejemplo), es algo que debe aprobarse y llevarse a cabo, pero no sin exigir a los dueños de negocios y establecimientos que también pongan innovación y creatividad en su nueva relación con los clientes.
Es indiscutible que algunos negocios sufrirán más intensamente que otros los efectos de la pandemia, pero en lugar de que todos quieran seguir como si no pasara nada, unos pocos ganando mucho más que otros, casi siempre a costa del dinero público, se hace necesario empezar a discutir un nuevo modelo económico que permita la reconversión hacia esquemas de consumo más locales en beneficio de las comunidades y los barrios en concreto. La pandemia nos brinda la oportunidad de imaginar un futuro diferente y no el restablecimiento de un pasado que, entre otras cosas, nos puso en la situación en la que estamos por desangrar las instituciones de salud; privilegiar el apoyo presupuestal a las grandes empresas ganadoras de siempre; contaminar el medio ambiente y nuestras ciudades mediante el impulso a las energías contaminantes; degradar la calidad de nuestra vida democrática y no tomar en serio la importancia del Estado de derecho.
Imaginar un futuro diferente, es lo que le debemos como homenaje a todas las víctimas de esta pandemia. Ya tenemos más de 29 mil 189 razones para construirlo. Su recuerdo lo amerita y sería la mejor manera de empezar a imaginar soluciones para tratar de erradicar la otra gran pandemia mexicana, esa por la que debemos reparar los 350,000 homicidios dolosos que se han cometido en nuestro país en los últimos 15 años.

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/CR

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