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Albazos, no balazos

Albazos, no balazos

Columnas lunes 20 de julio de 2020 - 00:49

A Omar García Harfuch

Se conoce como albazo a una acción de guerra que se ejecuta al amanecer. El término -gracias al uso lúdico del lenguaje- se utiliza lo mismo para invocar la promulgación de leyes aprobadas sorpresivamente, que para adjetivar acciones veloces que pocos pudieron preveer.
El albazo, adaptado a la función policial, pudiera ser una mejor práctica en seguridad ciudadana y combate a la delincuencia.
Una acción rápida, cuando el objetivo duerme o está distraido, antecedida de carpetas de investigación, judicialización de las mismas y obtención de órdenes de cateo o aprehensión, son preferentes a acudir al encuentro fortuito con la delincuencia.
El secreto tras las detenciones de alto nivel no es un misterio. Se llama Análisis de Inteligencia Criminal y se desarrolla a través de tareas de gabinete y campo; estudia las actividades específicas que, por su naturaleza, capacidad, consecuencias predecibles, peligrosidad o formas de aparición, afectan la libertad, la vida, el patrimonio, derechos y garantías de la sociedad. Su práctica eficaz en las democracias modernas permite el equilibrio entre la potestad del Estado para emplear la violencia legítima y el saldo que ello genera.
Hacer tareas de Inteligencia y análisis criminal no es misión sencilla. No entenderla genera confusiones que llevan a denostarla. Por ello es importante distinguir entre ésta y el espionaje que busca saciar el morbo de un grupúsculo que usa información con fines de venganza por cuestiones personales, empresariales o políticas. La Inteligencia Criminal coadyuva a la correcta procuración de seguridad y justicia y es empleada por la comunidad policial internacional.
La definición del Análisis de Inteligencia Criminal fue aprobada por INTERPOL en junio de 1992, como: “La identificación y suministro de información que establezca la relación existente entre la data criminal y otra data potencialmente relevante para las actividades de las autoridades policiales y judiciales”.
Un buen análisis posibilita decisiones correctas y orienta la política criminal. En México contamos con antecedentes importantes en su uso. Lo mismo en la extinta Policía Federal que en la Agencia de Investigación Criminal y más recientemente en la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX.
En gira por Guanajuato, contrario a su costumbre de moderar su mensaje contra la criminalidad, el Presidente de la República manifestó entre otras cosas que “apostaría por la Inteligencia para su combate”.
El Estado Mexicano cuenta con amplias capacidades y muchos profesionales en el uso legítimo de la fuerza, deseosos de ponerlas en práctica y demostrar la superioridad de las instituciones sobre los criminales que alardean sobre su “fortaleza”.
El poder que no se ejerce, se revierte contra el omiso.
Nadie reprocharía usar las capacidades con que cuenta el Estado. Es momento de refrasear la estrategia: “Albazos, no balazos”, como consigna principal. Y de haber los segundos, que sea en salvaguarda de las mejores causas del país. Muchos lo aplaudiríamos y apoyaríamos. Aún estamos a tiempo.


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/CR

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