Los Estados Unidos atraviesan por un proceso de decadencia que no es posible detener en vista de las muchas contradicciones internas en su sociedad y economía, las cuales terminarán por llevarlo a la ruina (seguirá siendo un país poderoso e importante a nivel mundial, pero no el hegemón). En sus intentos por recuperar su pasada grandeza y poder, el país del dólar por fin se ha quitado la máscara y se presenta ante el mundo como lo que siempre fue: un imperio cuyo objetivo es imponer su voluntad a sangre y fuego para saquear los recursos de los países más débiles. Atrás han quedado las hermosas palabras con las que disfrazaba sus intervenciones: “libertad”, “democracia”, “derechos humanos”, bla bla bla…
La más reciente amenaza de mister Trump es la anexión de Groenlandia como el estado número 51 de la Unión, “porque los rusos y los chinos la quieren para sí” (una mentira más). El problema es que dicha isla, la más grande del mundo, pletórica de ingentes recursos naturales, históricamente ha sido un territorio bajo soberanía de Dinamarca que, además, es mimbro de la OTAN y aliado incondicional de los gringos. Considero que el inquilino de la Casa Blanca logrará sus objetivos, porque los gobernantes europeos son completamente vasallos de Estados Unidos, serviles y pusilánimes hasta la abyección (¡qué diferencia con nuestra presidenta Sheinbaum, quien es firme y digna frente a los designios imperiales!). Los gringos ocuparán Groenlandia y los europeos, cuya decadencia es aún más grande que la estadounidense, se contentarán con chillar un poco para después voltear su mirada hacia Rusia, contra la que quieren ir a la guerra a toda costa, misma que perderán irremisiblemente.
Sin embargo, todavía quedan sectores que conservan la dignidad en las sociedades europeas que no aceptarán sin luchar el despojo en ciernes. Un diputado del parlamento alemán, de tendencia ultraconservadora, expresó que “si Donald Trump lleva a cabo sus amenazas contra Groenlandia y desencadena una guerra comercial contra la UE, me cuesta imaginar que países europeos participen en la copa del mundo”. En Francia, el diputado del partido de izquierda “La France Insoumice”, Éric Coquerel –quien por cierto ha hecho gestiones para que su país devuelva a México el Códice Borbónico–, solicitó públicamente a la FIFA que no se disputen partidos del mundial en Estados Unidos como respuesta a esta problemática y que la competencia se reoriente hacia México y Canadá, porque los valores que supuestamente representa el deporte son incompatibles con lo que sucede en dicho país.
En caso de una invasión yankee a Groenlandia se podrían unir al boicot las selecciones de Inglaterra, Francia, España, Italia (que disputará el repechaje), Portugal, Noruega y Países Bajos. Es decir, en tal caso el mundial no tendría ídem, porque estos equipos son la crema y nata del futbol.
Paralelamente, hay miles y miles de aficionados de todo el mundo que se lo han pensado mejor y no acudirán al mundial en Norteamérica, porque es muy real el peligro de que el ICE-Gestapo los capture sin ningún motivo, metiéndolos a la cárcel durante días o semanas sin cargo alguno y los expulse. Se está gestando un movimiento masivo de gente que mejor vendrá a nuestro país, el cual es un lugar mucho mejor. El mundial es (debería ser) una fiesta, una celebración masiva donde se reúnen personas y culturas de todos los continentes. Como decía el eslogan de México 86: “El mundo unido por un balón”.
Aunque el boicot mundialista podría ser una forma de presión muy efectiva, no hará que Trump desista de sus intenciones, pero sí retrasarlas, por lo menos para después del torneo. Hasta el jueves…