Si circulas por Circuito Interior, rumbo a la Raza, a la altura de la Colonia San Rafael, verás de lado derecho el enorme letrero y el oso en color azul. La Polar. “La mejor birria de México desde 1934”. “No tenemos sucursales”.
La Polar es uno de los lugares típicos. Restaurante familiar en unas horas del día, cantina de borrachos en otras. Lo mismo podías ir con la familia a desayunar los domingos, que comer con los compañeros de oficina y seguirla toda la noche; ir con la novia o con la amante. Grupos de mariachis y norteños, desafinados gritan o tocan, da lo mismo. Antes, La Polar abría las 24 horas. Recuerdo una borrachera épica de dos días de dos amigas en una de sus mesas.
Muchas veces fui a La Polar. La verdad la birria es mala, los precios altos y la música escandalosa; pero fue un lugar a todo dar para el desmadre. Sus meseros siempre han sido gandallas, no asesinos. Si te descuidas o te pones borracho te aumentan la cuenta, te rebajan la bebida o de plano te meten cachirul, los grupos no te tocan las piezas completas o te tocan menos canciones de las pagadas.
Desde hace tiempo amigos y conocidos me comentaron de las cosas raras que pasaban en La Polar. Si sabías a quien preguntar, conseguías drogas o compañía ahí mismo o en uno de los hoteles cercanos. La Polar era un lugar donde podías encontrar lo que querías, si tenías la lana y la audacia de buscarlo.
La Polar fue clausurada. No fue para menos. Las imágenes difundidas en redes sociales y medios de comunicación fueron contundentes. Personal y empleados de esta cantina golpearon salvajemente a un cliente, después, mal herido, lo echaron a la calle donde agonizó y en su traslado a un hospital murió. Por supuesto que los responsables deben ser castigados y condenados por su crimen.
Sirva este trágico hecho para que las autoridades de la Alcaldía Cuauhtémoc y de la CDMX revisen las condiciones de funcionamiento de cantinas y bares. No es la primera ocasión que los encargados de estos lugares agreden, no sólo a clientes, sino también a vecinos, se siente los dueños de la calle.
Es momento de revisar las condiciones laborales. La propina es voluntaria, pero me dicen que el 10% de propina no representa ninguna ganancia para el mesero después de lo que tiene que repartir con otros compañeros. En muchas cantinas y restaurantes, los meseros sólo ganan las propinas.
No soy mojigato. Tengo derecho a una parranda segura y que las autoridades me la garanticen. Quiero que cuando La Polar vuelva abrir, si es que abre, sea segura. Eso pienso yo, ¿usted qué opina?