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Comicios, redes y lesión democrática

Comicios, redes y lesión democrática

Columnas jueves 13 de febrero de 2020 - 02:15

“La tecnología no está inmóvil; la democracia tampoco debería estarlo.” Con esta frase de Kofi Annan inicia el Informe Protegiendo la Integridad Electoral en la Era Digital, publicado la semana pasada por la fundación que lleva el nombre del exsecretario General de la ONU. Como lo ofrecí en la entrega previa, toca ahora referirse a los hallazgos del estudio con relación al impacto de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), el internet y las redes sociales en los procesos electorales y en la integridad electoral en general.
El informe advierte que su capacidad de determinar los efectos de TICs, internet y redes en la integridad electoral resultó acotada por la negativa de las grandes plataformas de compartir datos con los investigadores; y enlista, sin embargo, estos cinco hallazgos: Que muchos de los daños que se han atribuido al internet y las redes, como la polarización extrema, medios politizados y el avance de las noticias falsas, así como el deterioro de la confianza social en los gobiernos y en los medios tradicionales, son en realidad anteriores a las nuevas tecnologías y plataformas.
Que, aunque TICs, internet y redes no son la causa de la polarización política a gran escala, la exacerban y resultan útiles para quienes buscan lesionar la integridad electoral y la sana deliberación democrática. Que la vulnerabilidad de las democracias ante la desinformación varía atendiendo su nivel previo de polarización, desconfianza y la presencia de medios no imparciales. Que, en el mediano plazo, las elecciones de todo el hemisferio sur están en riesgo, pues serán puntos focales de discurso de odio, noticias falsas, interferencia interna y manipulación externa.
Que estos son los cuatro responsables del abuso de TICs, redes e internet en amenaza a la integridad electoral: Primero, los medios tradicionales de comunicación que con frecuencia amplifican la información falsa en lugar de combatirla y/o esclarecerla. Segundo, los propios candidatos y líderes electos que han usado las redes y el internet para fomentar el odio, diseminar noticias falsas y dañar la confianza ciudadana en las instituciones políticas y sociales.
Tercero, algunos consultores políticos que han buscado manipular los procesos electorales para hacer ganar a sus clientes a toda costa y que han hecho de esa manipulación un negocio transnacional que amenaza la integridad electoral a nivel planetario. Cuarto, las grandes plataformas que han permitido la “viralización” del discurso de odio y la desinformación y no anticiparon efectos perniciosos de sus productos y servicios en el tejido social y político de las democracias denominadas “transicionales”, cuyas comunidades ya estaban fracturadas y registraban historias de violencia religiosa y ética; se negaron también a reconocer que esa omisión lesiona la democracia y auspicia la violencia al permitir campañas de lodo entre actores políticos. Continuaré.

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/CR

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