Mariana tiene 14 años y vive en una comunidad a casi una hora del bachillerato más cercano. Cada mañana, antes de que el sol termine de salir, camina varios kilómetros para alcanzar el transporte que, si tiene suerte, pasará, porque cuando llueve, no pasa, y cuando no hay dinero, menos.
Un día dejó de ir a la escuela.No fue una decisión repentina ni un acto de rebeldía. Fue un proceso silencioso. Primero faltó un lunes. Luego un par de días más. Después, la escuela dejó de ser parte de su rutina. Nadie fue a buscarla. Nadie le preguntó por qué.
En los registros oficiales, Mariana “abandonó” la escuela. Pero su historia —como la de miles de adolescentes en México— cuenta otra cosa.
En otro espacio, muy lejano a su comunidad, durante el Foro Nacional: Hacia una Estrategia para la Permanencia Escolar, el dirigente del SNTE, Alfonso Cepeda Salas, dijo algo que resonó más allá del evento: “Las y los adolescentes no abandonan sus estudios; en realidad, son expulsados por la falta de programas adecuados, de apoyos y políticas pertinentes para acompañarlos”.
La frase no es retórica. Es un diagnóstico.
Y encuentra eco en el informe “El estado de la educación en América Latina y el Caribe 2026: la perspectiva geoespacial”, que propone mirar la educación no como si estudiar en cualquier parte de un país fuera igual, sino como un mapa lleno de contrastes. Un mapa donde el lugar en el que nace una niña o un niño puede definir —casi por completo— su trayectoria educativa.
Si ese mapa se colocara sobre la historia de Mariana, revelaría algo evidente: no es solo una estudiante que dejó la escuela; es una estudiante que vive lejos, que carece de transporte constante, que no tiene conectividad, que enfrenta condiciones que el sistema educativo no ha logrado compensar.
El problema, entonces, no es únicamente educativo. Es territorial.
El informe lo advierte con claridad: las brechas en América Latina, no solo en México queda muy claro, no son abstractas, tienen dirección, distancia y contexto. Y cuando las políticas educativas no consideran esas variables, dejan de ser herramientas de equidad para convertirse, sin quererlo, en mecanismos de exclusión.
México ha apostado en los últimos años por políticas de inclusión: becas, programas universales, apoyos económicos. Y sí, han sido importantes. Han abierto puertas.
Pero historias como la de Mariana muestran que abrir la puerta no siempre es suficiente cuando el camino para llegar a ella está lleno de obstáculos.
Porque ¿de qué sirve una beca si no hay transporte?,¿De qué sirve un programa nacional si no responde a las condiciones locales?, ¿De qué sirve hablar de permanencia si no se construyen las condiciones para sostenerla?
Ahí es donde la idea de “expulsión” cobra sentido.
No es que Mariana haya decidido irse. Es que el sistema no creó las condiciones para que se quedara en ella.
El enfoque geoespacial del informe propone algo distinto: mirar la educación como una red de realidades concretas, esto implica planear con mapas, invertir con precisión, diseñar políticas que reconozcan que no es lo mismo estudiar en una zona urbana que en una comunidad rural o indígena.
Significa, en el fondo, entender que la equidad no se logra tratando a todos igual, sino atendiendo de manera diferente a quienes viven realidades distintas.Si esa lógica se aplicara plenamente, la historia de Mariana podría ser otra.
México no está inmóvil. Avanza. Pero el informe es claro: avanzar no siempre significa llegar.
Hoy, la política educativa parece caminar con buenas intenciones, pero sin suficiente precisión territorial. Y en ese trayecto, hay estudiantes que se quedan atrás.O peor aún, que son empujados fuera.
Mariana no aparece en los grandes indicadores nacionales. Es una cifra más en la estadística del abandono escolar. Pero si algo enseña la perspectiva geoespacial, es que cada cifra tiene un lugar en el mapa.
Y que mientras no miremos ese mapa con suficiente detalle, seguiremos diciendo que los estudiantes abandonan la escuela…cuando en realidad, el sistema los está dejando ir.
DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública
Integrante de la Red de Mujeres por la Educación (MuxED)