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Democracias Latinoamericanas: balance y perspectivas

Democracias Latinoamericanas: balance y perspectivas

Columnas miércoles 29 de septiembre de 2021 -

El siglo XX latinoamericano se caracterizó por ser una época convulsa y llena de cambios políticos de largo alcance y gran implicación social. Por un lado, existieron democracias como la chilena que por más de 70 años vivió estabilidad en todos los sentidos, aparejado a regímenes que cayeron estrepitosamente como el caso de la República de Venezuela.

Los contrastes entre las democracias del continente que perduraron y aquellas que fueron víctimas de su propia arquitectura parecen ser un tema propio de un análisis más exhaustivo, sin embargo, lo que sí es necesario establecer es que como todo régimen legal está imbricado en una tesis más ligada a la forma cómo se entiende la democracia y cómo se percibe desde el ciudadano que puebla el espacio público.

Por tanto, la democracia como forma de gobierno -más o menos exitosa- no sólo pasa por el aspecto de cubrir procedimientos o trámites sino que llevan dentro de su misma genética la necesidad de poseer el reconocimiento y fomentar la más amplia participación social.

En este sentido, es fundamental destacar que la democracia mantiene una legitimidad dividida en dos pilares: por un lado, la legitimidad de origen que se ampara más en el sentido de que el gobierno democrático sea el producto de una proceso electoral basado en reglas claras y equitativas, en tanto que por otro lado se habla de una legitimidad de ejercicio que se origina a partir del ejercicio gubernamental de toma decisiones, es decir, de cómo se vincula con la sociedad, si lo hace o no dentro del marco del Estado de Derecho o si las decisiones son lo suficientemente socializadas y aceptadas por la población.

Por tanto, una democracia incluyente, requiere por fuerza de ciudadanos activos que participen y visualicen en el régimen una forma de trascender y transformar su realidad, no obstante los resultados en nuestra región distan de darnos claridad de que vamos hacia buen puerto.

De acuerdo con el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) denominado Nuestra Democracia, el haber dejado atrás desde hace cuatro décadas el militarismo no implica la consolidación de la democracia ya que superada la transición se abre una nueva etapa: la “postransición” que nos plantea interrogantes acerca de la capacidad de la democracia para ampliarse y sobrevivir, para ser sostenible.

En el caso de América Latina está a la búsqueda de su personalidad democrática ya que a pesar de que se repudian las dictaduras militares, ya no existe el enamoramiento con la democracia tan típica y arraigada dada su pírrica presentación de resultados, es decir, la democracia le debe a la ciudadanía, no ha dado los resultados esperados, sino que ha sido un sistema político que ha tenido altos costos en materia económica y irrisorio impacto en la toma de decisiones.

Por ello, la democracia en nuestro continente se ha convertido en una retórica donde casi todo el discurso político acerca de ella gira en torno a los valores aceptados, a su axiología más que a sus resultados. Esta circunstancia de vacíos democráticos, suscita ante todo, brotes de ingobernabilidad por la amplitud de la brecha de desigualdad.

¿En qué falla nuestra democracia? El PNUD sostiene que las fallas son básicamente cinco: 1) debilidad estatal, derivada de la escasa influencia que tienen los gobiernos nacionales para aplicar el control legal en sus territorios; 2) crisis de representación, que tiene su máxima expresión en la poca confianza de los ciudadanos en sus representantes y sobre todo en la lejanía que sienten hacia ellos: 3) desigualdad en la riqueza, que se traduce en inequidades en el desarrollo de las ciudades y de las personas; 4) pobreza multidimensional que limita la movilidad social y el desarrollo personal de los ciudadanos; y, 5) el cesarismo, que habla de la proclividad de los sistemas políticos latinoamericanos a impulsar figuras ejecutivas con un alto control específico del proceso político (hace referencia al César en la Antigua Roma). Sin duda todo un reto para afianzar la Agenda 2030 ¿Usted qué opina?

Magdiel Gómez Muñiz Colaborador de Integridad Ciudadana, Coordinador del Doctorado en Ciencia Política del Centro Universitario de la Ciénega - UDG. Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Universidad de Guadalajara, co expertis y posgrados en estudios políticos y gobierno, filosofía política y educación @magdielgmg @Integridad_A

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