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Días mejores llegarán.

Días mejores llegarán.

Columnas jueves 31 de diciembre de 2020 - 00:52

Estimada(o)s lectora(e)s, agradezco su acompañamiento permanente en este columna que ha tenido la finalidad de poner sobre la mesa temas de interés social, especialmente, los relacionados con la política, el derecho y la justicia.

El 2020 nos deja múltiples lecciones para quienes dedicamos nuestra vida profesional a la aplicación del derecho. El año de la pandemia debería dejarnos o, más bien, refrendarnos una lección: ya no es posible continuar ejerciendo nuestra profesión sin entender que su función tiene una dimensión social de pacificación de los conflictos y defensa irrestricta de la dignidad humana, pues es el único medio legítimo para transformar la realidad política, social y económica de un país, desde luego, con sentido progresista y evolutivo.

La última reflexión que deseo compartir con ustedes este 31 de diciembre, es que, en general en nuestro país, quienes ejercen la abogacía son agentes del cambio que han decidido dar la espalda a la sociedad y abandonar su compromiso de trabajar a favor de ésta.

Especial compromiso tenemos quienes, además de ejercer el derecho, lo hacemos desde la impartición de justicia, porque el peor destino para una sociedad es recibir una justicia vacía, entregada al mejor postor y que sirve de instrumento para favorecer intereses personales y de facciones, en claro perjuicio de los demás.

Necesitamos renovar nuestro compromiso social para trabajar, en serio, por las personas desamparadas, alejadas del desarrollo y el progreso; acostumbradas a recibir en vez de participar, personas resignadas ante lo poco que se vacía dentro ellas, porque la economía no crece lo suficiente, porque el país no avanza como debería, porque el tiempo transcurre y los pobres y desaventajados no dejan de serlo.

Necesitamos renovar nuestro compromiso para equalizar, mediante el derecho, a un país atorado y dividido sin ciudadanía formada y participativa. Estamos obligados a esforzarnos porque nuestras relaciones sociales y de dominación respondan a los fines concretos que la Constitución dispone, para proporcionar condiciones de vida digna a las personas, mediante la elaboración de leyes y políticas públicas construidas a partir de acuerdos mínimos y consensos máximos, que sustituyan el sistema de clientelas en todos los ámbitos y el de élites acaudaladas y amuralladas que no quieren franquear la brecha que tanto los beneficia, porque no tienen incentivos para hacerlo.

Necesitamos reorientar el sistema político, social y cultural basado no en el mérito, sino en las relaciones, basado no en la excelencia, sino en los contactos, donde importa menos el grado que el apellido, donde los puestos se adjudican como recompensa a la lealtad y no al profesionalismo, donde las puertas se abren para los disciplinados y no para los creativos.

Estoy seguro de que en el 2021 días mejores llegarán. Mientras, reciban un abrazo caluroso con mis mejores deseos para todas y todos ustedes, esperando encontrarlos en estas páginas el año que entra.


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/CR

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