En San Diego, donde la brisa del Pacífico suele mezclarse con la nostalgia de quienes alguna vez han portado una máscara, ocurrió un episodio que difícilmente será olvidado por la afición. Dominik Mysterio, heredero de la leyenda Rey Mysterio, regresó a su ciudad natal con la madurez de un luchador que ha decidido dejar atrás la sombra de su padre para escribir su propio capítulo en la historia de la WWE. Y vaya que lo está haciendo: recuperó el Campeonato Intercontinental tras vencer nada menos que a John Cena, un nombre que pesa como pocos en la industria. A sus 27 años, “El Sucio Dom” vive el momento más inspirador de su carrera.
El combate tuvo el drama que suele acompañar a las grandes funciones. Cena, siempre disciplinado, parecía encaminarse a una defensa sólida hasta que Liv Morgan entró en escena. La compañera de Dominik, fiel a su estilo provocador, engañó al “Marine” para finalmente atacarlo con el propio campeonato. Un golpe certero, un instante de desconcierto y, como si el destino estuviera pactado, Dominik aprovechó para planchar al veterano y sellar el conteo de tres palmadas. No fue casualidad, tampoco un accidente: fue una estrategia que forma parte del personaje en evolución de Mysterio, un rudo que entiende que sus triunfos no siempre deben ser bonitos, pero sí efectivos.
Con esta victoria, Dominik no sólo recupera el Campeonato Intercontinental de la WWE; suma además el Mega Campeonato de Lucha Libre AAA que ya ostentaba, convirtiéndose en uno de los pocos luchadores que pueden presumir simultáneamente dos cinturones de empresas tan distintas. Un logro que lo coloca, aunque a algunos les incomode admitirlo, como una de las figuras más relevantes del momento.
La velada en San Diego tuvo más brillo del previsto. Stephanie Vaquer retuvo con autoridad el campeonato femenil de la WWE al imponerse a Nikki Bella en un duelo de ritmo intenso. La chilena, que ha tenido un ascenso meteórico en la empresa, lució sólida, confiada y técnicamente pulida. Vaquer está cerrando un año que podría definirse como consagratorio: cada presentación suya se ha convertido en una muestra de nivel y determinación.
Y si de espectáculos hablamos, los Juegos de Guerra, esos combates que mezclan adrenalina pura con la claustrofobia de dos rings encerrados en una jaula, volvieron a demostrar por qué son uno de los formatos más emocionantes de la empresa. En la contienda varonil, Brock Lesnar encabezó un equipo tan peculiar como poderoso: Bronson Reed, Bron Breakker, Logan Paul y Drew McIntyre. Juntos lograron imponerse a un grupo que parecía imbatible: Jey Uso, Jimmy Uso, Roman Reigns y los campeones de SmackDown y RAW, Cody Rhodes y CM Punk. Fue un choque lleno de fuerza bruta, traiciones internas y esos momentos frenéticos que hacen que el público se levante de su asiento.
En la rama femenil, Alexa Bliss, Charlotte Flair, AJ Lee, Ivo Sky y Rhea Ripley formaron un equipo de ensueño que terminó por imponerse a Lash Legend, Asuka, Kairi Sane, Nia Jax y Becky Lynch. Más allá del resultado, lo que quedó claro es que la división femenil vive una de sus épocas más brillantes y competitivas.
Sin embargo, la noticia que sacude al mundo de la lucha libre es el anuncio del retiro de John Cena. El sábado 13 de diciembre, en Washington, el “Marine” disputará su último combate. Su rival saldrá de una eliminatoria en la que siguen con vida Jimmy Uso, LA Knight, Solo Sikoa y Gunther. Pase lo que pase, Cena está listo para despedirse del ring como lo que es: un ícono.
Y quizá por eso la victoria de Dominik Mysterio adquiere un matiz especial. Será recordado como el último hombre que le arrebató un campeonato a Cena antes de su adiós definitivo. Un logro que no se borra, un capítulo que ni el propio actor podrá reescribir en la pantalla grande. Dominik vuelve a casa campeón, doble campeón, y con la certeza de que su historia apenas comienza. En San Diego quedó claro: el legado Mysterio sigue vivo, pero ahora tiene un nuevo autor.