Esta es la historia de José, un venezolano de 34 años originario del barrio de la Vega, en Caracas, viajó cerca de 5 mil kilómetros hasta llegar a la puerta de ingreso a los Estados Unidos para alcanzar sus sueños, para una mejor vida.
Sin embargo, cruzarla es un riesgo, en la que está en juego su vida misma, intentó durante 5 ocasiones ingresar y después de 4 detenciones en las que el hambre, el frio, el calor y el hacinamiento fueron la constante sin dejar de lados los robos, extorsiones, peleas y hasta enfermedades a las cuales sobrevivió durante los 17 meses.
Ya está en ruta, como me platicó, incluso comenzó a enviar dinero a su casa, para la comida, la escuela y la manutención de su esposa, sus tres hijos y su mamá. Espero conseguir más jardines por cuidar, a eso vine a trabajar, a buscar una mejor oportunidad para los míos.
José busca a diario sepultar todo lo que vivió en su travesía, dice que desde que llegó a Cd. Hidalgo, frontera con Guatemala todo se complicó ya que sin dinero absolutamente todo se hace más difícil, desde el caminar en caravana, el buscar un autobús o algún transporte que te quiera adelantar un poco, intentar descansar tras 18 horas o 20 horas de caminata.
El calor parece aliado de la policía, de los de migración o de los malos, saben que siempre regresarás a las mismas rutas con los mismos guías por las altas temperaturas y lo complicado del andar por rutas y rumbos desconocidos, sólo sabemos que tenemos que ir al norte, pero hasta ahí.
José se fue internando en la república mexicana acompañado por sus recuerdos y el ánimo de una veintena de migrantes más.
En Coatzacoalcos, Veracruz, logró subirse a la Bestia, fue un gran logro, corrimos con mucha suerte, nadie de nosotros murió a las llantas del tren, 2 salimos lastimados de los brazos y desde el techo de los vagones tuvimos que esperar a que todo se arreglara, a que los dolores disminuyeran y a que las alucinaciones pasaran.
El permanente movimiento del tren, el frio, el aire y el abrazador sol fueron los vigilantes del trayecto en el que sólo tenían la seguridad de las dificultades, el hambre, la incertidumbre y es que en el tren pasa de todo, incluso me tocó ver el nacimiento de 2 niños.
Cruzamos por Agua Prieta, Sonora y llegamos a Douglas, en el desierto nos agarró la migra y después de unas horas nos llevaron calle adentro de la frontera y nos dijeron váyanse, ya la hicieron. Hoy José esta Houston, vive con 8 personas más en un departamento y está en la construcción del sueño americano.
@arnc7