Rusia y China están en el horizonte inmediato de Estados Unidos y el presidente Joe Biden tiene la llave del cajón donde se encuentran estas carpetas que están archivadas en el apartado de pendientes y quiera o no tiene que revisarlas ya, el diario acontecer lo obliga y por más situaciones difíciles que enfrente en el ámbito nacional, no puede aplazar su atención.
El gobierno ruso ha sonado la alerta y el ;inisterio de Relaciones Exteriores emitió un comunicado: “Rusia lamentó que el presidente estadounidense, Joe Biden, no haya aceptado la invitación de Vladímir Putin para mantener una conversación en formato de videoconferencia después de que el inquilino de la Casa Blanca calificara de asesino al mandatario ruso” , pero todavía le puso más leña al fuego: “ha perdido una oportunidad más para buscar una salida al atolladero en el que se encuentran las relaciones ruso-estadounidenses por culpa de Washington”.
Y para concluir este comunicado se lee: ”la diplomacia rusa entiende que la responsabilidad por ello recae plenamente en Estados Unidos”.
Bueno, así uno de los pendientes de Joe Biden.
El otro gran pendiente tiene que ver con el deterioro entre los vasos comunicantes entre Estados Unidos y China que requieren de atención urgente para que la relación fluya de una mejor manera, tal como lo expresó recientemente el presidente, Xi Jinping, en el Foro de Davos, donde advirtió sobre el peligro de una "nueva Guerra Fría" y urgió a "abandonar los prejuicios ideológicos y seguir un camino de coexistencia pacífica, beneficio mutuo y cooperación para que todos ganen".
Desde Washington la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, señaló que donde inicia la relación con China “se partirá de un enfoque de paciencia para responder a los abusos del país asiático”, y abundó: “esto significa que vamos a consultar con nuestros aliados, con demócratas y republicanos y vamos a permitir que el proceso interinstitucional se desarrolle para revisar y evaluar cómo debemos seguir adelante con nuestra relación".
La llegada de Biden por sí misma no generará un cambio, ni mucho menos una distensión en la relación, pero tampoco es válido decir que todo seguirá igual. El maestro emérito de la Universidad de Princeton, Estefan Malvodin, experto en relaciones internacionales, publicó en un estudio al final de la era Trump: “hay que tener en cuenta que ambas naciones quieren proteger sus intereses y lograr más beneficios; tienen agendas diferentes, objetivos distintos y sólo se igualan en sus ansias de dominio”.
La habilidad política de los nuevos integrantes de la administración estadounidense está a prueba. El reloj de las relaciones internacionales de Estados Unidos no puede seguir más en pausa menos aún en la realidad post pandémica.
@ncar7