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El Temple y la 4T.  Si no es ahora, ya no fue

El Temple y la 4T. Si no es ahora, ya no fue

Columnas jueves 27 de febrero de 2020 - 22:07

Tener la responsabilidad de liderar un equipo, llevar su manejo y resultados no sólo ante colaboradores y clientes, sino también frente a accionistas (shareholders), terceros involucrados (stakeholders), medios de comunicación y sociedad en general, es una tarea compleja donde los factores de riesgo son asimismo elevados y, por si faltara algo, las repercusiones de los errores literalmente inconmensurables.

Enfrentar este tipo de retos requiere, desde luego, capacidad y solvencia técnica; sin embargo, tener el “know how” técnico adecuado no siempre es suficiente y, si la situación se va tornando compleja, es muy fácil caer en los típicos errores de los administraciones novatos, que ante la complejidad y las presiones buscan resolver todo metiendo más y más gente que, dado el desorden que se va haciendo porque el personal que se va llegando no tiene asignadas tareas específicas o lugares para hacerlas, terminan por estorbar y, en muchos de los casos, incluso colapsar un determinado proyecto.

En el extremo opuesto hay otro tipo de personas que, ante la presión y la necesidad de sacar adelante la “misión”, reciben una especie de “llamado divino” y, contrario a quienes piden más gente aunque ya no tengan ni donde acomodarla, estos se olvidan de los simples y terrenales colaboradores que están para apoyarlos y en quienes podrían, de manera ordenada, con objetivos específicos, claridad en los tiempos y método, delegar el trabajo y así ganar espacio para tener una perspectiva más amplia y, desde ahí, conducir el proyecto (entendiéndose como darle sentido, orden y dirección) de una manera mucho más eficiente y estratégica. Desafortunadamente, muchas veces el llamado místico pesa más que el análisis frío y no son pocos quienes pretenden, por sí mismos, lograr objetivos y metas que a todas luces no son tarea para una sola persona, asegurando así su fracaso y el de su organización.

Si las descripciones que acabo de presentar pueden parecer complejas, permítanme decir que no son nada en comparación a los momentos de crisis, cuando se trabaja contra el tiempo, con la presión directa de los clientes o los superiores, te juegas el todo o nada y, en consecuencia, sientes en tus hombros la responsabilidad de los empleos de la gente que te reporta y, desde luego, la de tu propio empleo y posiblemente futuro profesional.

Partiendo de que a cualquiera le puede ir bien o mal en función de factores totalmente exógenos o azarosos, también es cierto que aquellos participantes con una formación técnica sólida y la habilidad para aplicarla a la realidad tienen un hándicap a su favor. Sin embargo, y por lo menos en mi experiencia tanto como observador y como participante directo, el factor más determinante para salir bien librado de la presión, las cargas de trabajo y el manejo de los colaboradores es una característica más bien inmaterial: el temple.

El temple, definido por la RAE como la “fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos” es, en términos más aterrizados, esa capacidad para doblarte sin llegar a romperte en los momentos malos; es saber liderar desde el ejemplo y el mantener la cordura y los pies en la tierra en los momentos de éxito.

Hoy la 4T se arrinconó a sí misma frente al espejo. Construyó la trampa perfecta, con un poquito de desconocimiento, otro tanto de improvisación, algo de incongruencia, unos tres libros de historia maniquea, desprecio por la ciencia y la técnica y, para cerrar, una barra de combate a la corrupción totalmente inequitativa y con pasas para los amigos, en la que se está atorada junto con crecimiento económico del -0.1% para pagar las cuentas y poco más de 35 mil muertos, pero con la soberbia de anunciar que en este año los avances permitirán la irreversibilidad de la 4T. I

Ya nos dijo bien clarito la 4T que ni la ciencia ni las técnicas le interesan; sin embargo, y como la realdad siempre es necia, la oposición se gestó en estacionamientos y mensajes de whatsapp de manera orgánica, y hasta obligada, por la realidad del país y ahora demanda un temple que hasta el momento no ha tenido la 4T ya como Gobierno. Un movimiento horizontal, desestructurado y masivo, como los que le gustan al Presidente, sólo que para mostrar el hartazgo por la inexistente política de seguridad con igualmente inexistentes resultados y mostrar rechazo a la frialdad, indiferencia y hasta desprecio con los que el presidente López Obrador abordó los feminicidios y el paro simbólico del 9 de marzo. ¿Este despertar democrático y social se va a consolidar y dará para muchos años o será otra “llamarada de petate”?


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/CR

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