Mi caminar por la Cuauhtémoc ha estado marcada por la historia de muchas mujeres que día a día salen a trabajar para llevar el sustento a su hogar, anhelando un mejor futuro para ellas y su familia. He visto el rostro de la madre soltera que saca adelante a sus hijos, la mujer violentada que lucha por conseguir la paz y tranquilidad en su hogar, la mujer que camina a su trabajo con el anhelo de llevar el sustento, la estudiante que busca superarse y convertirse en una profesionista, la adulta mayor que abraza con el alma y bendice con el corazón, mujeres impulsadas desde el amor, anhelando el bienestar de su familia.
En el comercio informal he conocido a mujeres que forman parte de las más de 13 millones de personas que encuentran en la informalidad, una fuente de ingresos, me gustaría mencionar que de mayo de 2021 a mayo de 2023 el comercio informal aumentó mayormente por las mujeres con 1.14 millones, esto es, dos veces más que el sector masculino con 509 mil, cifras que reflejan las profundas desigualdades arraigadas en una sociedad que por años, fue gobernada por la derecha.
El rostro femenino en la informalidad es la persistente brecha de género en el acceso a la educación y capacitación, las limitaciones para acceder a oportunidades educativas de calidad, la discriminación y roles de género perpetrados por las responsabilidades de cuidado no remunerado que tradicionalmente recaen sobre las mujeres obstaculizando su participación en la fuerza laboral formal. En ese sentido, existen dos realidades para las mujeres en la informalidad, la primera es, la desigualdad persistente y la segunda, el orgullo inquebrantable de resiliencia y determinación, porque aunque las mujeres en la informalidad somos el reflejo de las grandes desigualdades, también, somos fortaleza al decidir emprender y tomar el camino del autoempleo debido a la falta de oportunidades, sin embargo, toda sociedad que aspire a la justicia, igualdad y respeto mutuo debe trabajar en crear políticas públicas que atiendan a la educación, discriminación, falta de protección laboral y las desigualdades en las responsabilidades de cuidado no remunerado como prioridad, a fin de crear entornos laborales más equitativos y justos para todas y todos.
María Rosete
#porlosqueamamos.