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El último informante

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Columnas viernes 11 de septiembre de 2020 - 01:06

No cabe duda de que, en ocasiones, la televisión puede cumplir una enorme labor pedagógica. En días pasados pude comprobarlo una vez más, gracias a The Last Narc, traducida al español como El último infiltrado, serie de televisión de cuatro capítulos que desentraña el asesinato, en 1985, en la ciudad de Guadalajara, de Enrique Kiki Camarena, agente de la DEA en México.
Cuando los hechos ocurrieron yo transitaba por los primeros años de la adolescencia en la Ciudad de México, por lo que tengo claro que el asunto no generó, al menos en mi mundo y en mi generación, una convulsión mayor. Ahora, 35 años después y a partir de este extraordinario documental, me queda más claro aún el poder silenciador que tienen los medios de comunicación, para esconder, a los ojos de todas y todos, asuntos que por su naturaleza son del interés público. Después de ver el documental, resulta indignante el papel jugado por los gobiernos de México y Estados Unidos, así como de los medios de comunicación mexicanos, para enterrar esta historia por tantos años.
La historia oficial en México, esa contada en los sexenios de Miguel de la Madrid, de Carlos Salinas de Gortari, de Ernesto Zedillo, de Vicente Fox, de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, nos dice que Enrique Camarena fue asesinado por Ernesto Fonseca, Don Neto, Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo, debido a que, por su trabajo de reconocimiento aéreo, una gran plantación de mariguana, que pertenecía a Caro Quintero, fue destruida en un Rancho llamado El Búfalo. Camarena fue levantado afuera de las instalaciones del Consulado de Estados Unidos en Guadalajara, torturado salvajemente por 36 horas y privado de la vida inmediatamente después. El grupo de enterradores que trabajaban al servicio de Miguel Ángel Félix Gallardo, entre los que destacaba por su crueldad El Chapo Guzmán, lo enterraron en las fosas comunes del rancho llamado, con horror, El paraíso.
Su desaparición generó un gran escándalo en la opinión pública en Estados Unidos, lo que obligó al gobierno de ese país, presidido por Ronald Reagan entonces y con George Bush padre como vicepresidente, a exigir a México respuestas rápidas y efectivas. El cadáver de Camarena fue desenterrado por los propios narcos y llevado a una carretera en Michoacán, donde fue localizado para ser trasladado de regreso a Estados Unidos, donde fue recibido con honores militares.
Ante la presión del gobierno estadounidense, nos recuerda el documental, las autoridades mexicanas detuvieron a los tres jefes: don Neto, Caro Quintero y Félix Gallardo, quienes recibieron sentencias de más de 25 años de prisión, con motivo de su participación en el asesinato del agente estadounidense.
A lo largo de sus cuatro episodios, el documental no deja títere sin cabeza entre los políticos y hombres de gobierno de México y señala como autoridades coludidas con los capos al recibir dinero de ellos, lo mismo al expresidente Miguel de la Madrid Hurtado, que, a los secretarios de la Defensa Nacional, de Marina y, señaladamente, al de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz.
También se menciona el nombre de Enrique Álvarez del Castillo, entonces gobernador de Jalisco y quien después de los hechos, fue nombrado Procurador General de la República y ministro de la Suprema Corte por Carlos Salinas de Gortari: un presunto colaborador del Cártel de Guadalajara colocado en los más altos niveles del aparato de justicia, un ejemplo claro de una práctica política que en mucho explica nuestros rezagos en la materia.
Sin embargo, lo más revelador del documental es la exposición pública que hace, a la escala que la televisión de paga permite, del uso del dinero generado por la venta de drogas mexicanas en Estados Unidos para financiar a mediados de los ochenta, las campañas paramilitares en Nicaragua dirigidas a derrocar al gobierno sandinista, también conocidas como La Contra. El documental revela que un rancho de los narcos mexicanos en Jalisco era usado para entrenar a paramilitares nicaragüenses. Todo esto, de acuerdo con el documental, fue planeado y ejecutado por la propia CIA.
El documental delinea la gran historia de la impunidad mexicana de los últimos 35 años y que hace falta indagar más, a partir, justamente de la gigantesca expansión de los negocios ilegales auspiciadas por las generaciones posteriores de delincuentes, tanto dentro como fuera del gobierno mexicano. En esa trama destacan personajes que entraron al relevo y ahora, legendarios, se encuentran también enfrentando, justo en estas fechas, a la justicia en el vecino del norte: Javier Guzmán Loera y Genaro García Luna.
¿Cuántas muertes en nuestro país, cuanta sangre mexicana, tiene su origen en razones geopolíticas orquestadas en lejanas oficinas bajo el control de gobiernos estadounidenses, que hace mucho ya no están siquiera en el poder? ¿Cuántas víctimas se siguen gestando al día de hoy como resultado de esas decisiones que nuestras autoridades han solapado? Ojalá pronto sepamos más. Al menos el documental nos recuerda que la investigación sobre el homicidio de Camarena sigue activa, por lo que no es descabellado que, junto con las revelaciones que se deriven de los juicios seguidos al Chapo y a García Luna, sabremos más cosas ocultas a las mexicanas y a los mexicanos hasta hoy y que han contribuido a construir la gran tragedia nacional.


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/CR

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