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Empoderarse “bien”

Empoderarse “bien”

Columnas lunes 13 de enero de 2020 - 00:45

En tiempos recientes se ha generalizado la idea de que resulta necesario “empoderar” a ciertos sectores sociales, que requieren acceso a mayores niveles de participación en la toma de decisiones de interés general.
Empoderar implica tomar el acceso al “poder” de decisión. Si buscamos en el diccionario la palabra “poder,” nos daremos cuenta que, por un lado se trata de un verbo que refleja una acción (tener la capacidad de hacer algo,) y por otro lado es también un sustantivo que puede tener varios significados; entre ellos, el de fuerza o vigor, como atributo de una persona o sujeto.
Cuando nos referimos al contexto del Estado, se habla del ejercicio del poder público; es decir, el servicio o función pública, a cargo de los órganos del Estado.
Sobre el “poder” del Estado se han construido grandes mitos, pretendiendo hacernos creer que como ciudadanos “delegamos” nuestro poder de decisión en los “poderes” del Estado. (Que es básicamente lo que señala el primer párrafo del artículo 41 de la Constitución mexicana).
Ello ha justificado la distorsión del “poder del Estado” en un “poderío” personal de quienes supuestamente lo ejercen.
El mal llamado “poder político” es una forma de poderío similar al poderío económico de quienes son dueños del capital, o al poderío que ostentan quienes controlan las fuentes de información, o las organizaciones religiosas, o el control de las armas. No por nada a éstos han sido llamados “factores reales de poder”. (¿Qué es una Constitución? Lasalle, Ferdinand).
Todos quieren empoderarse. Es una necesidad propia de nuestros tiempos. O quizá propia de nuestra naturaleza. Pero ¿por qué las personas buscan el “poder” (o “poderío”, entendido este último como la posibilidad de imponer la voluntad propia, por encima de la voluntad de otros)?
Ejercer “poder” (o “poderío”) sobre otros parece ser algo que satisface ciertas necesidades. En la sociedad de consumo, por ejemplo, el “poder” es el medio más eficaz de acceso al dinero, principal bien o valor dentro de este modelo social.
“Si quieres saber quien es realmente una persona, dale algo de poder” o “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”, son algunas ideas que reflejan la manera en que hemos entendido la función del poder en la sociedad: como algo negativo, inútil y perjudicial.
Las personas podemos empoderarnos de otra manera. No de la forma en que un profesor universitario disfruta de “torturar” a los “alumnos” (“sus” alumnos), o de un superior jerárquico que acosa a las mujeres que dependen de éste.
Empoderarnos “bien”, significa prepararnos para ejercer cualquier tipo de poder, aún se trate del mas humilde “ladrillo” al cual subirse. Prepararnos para saber qué hacer con ese poder y cómo utilizarlo.
Flor de loto: “El verdadero ‘poder’ es el poder de servir a otros”.

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/CR

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