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Entre piojos, responsivas y desinformación: los niños

Entre piojos, responsivas y desinformación: los niños

Columnas jueves 19 de agosto de 2021 -

Por Guadalupe Romero

Me lo dijo un trotamundos: ¿crees que si en siglos los piojos no han sido vencidos, son una plaga que se presenta hasta en el mejor o más exclusivo de los colegios, se pueda evitar que los niños en todo el país al asistir a sus escuelas se contagien del Covid que aún rompe récords como pandemia?
Recordemos al pobre Rey Felipe II, que por allá de mediados del siglo 16, pese a su enfermiza obstinación por la limpieza (entre todos los padecimientos que lo atormentaron a consecuencia del grado de consanguinidad con la que fue concebido), murió en el Palacio de El Escorial, Madrid, en un verdadero estado de insalubridad y piojos que lo consumieron en su propio hedor.

Ni con toda la riqueza que lo rodeaba pudo evitar la plaga. En la actualidad, en el país ibérico, según datos de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria y el Centro de Información de la Pediculosis, en el 40% de los hogares con niños en edad escolar se advierte la presencia de piojos por lo menos alguna vez en su vida como estudiantes.

Y mientras en México, como dice la vecina: “no se cantan mal las rancheras”. El contagio de piojos se da porque estos micro seres brincan hasta 1.20 metros, casi igual que las partículas de saliva que salen con el estornudo humano y que alcanzan hasta dos metros de distancia, el principal riesgo de esparcimiento del virus Covid-19.

Según datos de la Secretaría de Salud hay cada 10 o 15 años una epidemia de piojos entre los niños en edad escolar, la más reciente fue en 2018 alcanzando el año lectivo que terminó en 2019, antes de la pandemia Covid-19 cuando los menores asistían a la escuela; tan solo el IMSS atendió a más de 6 mil personas por molestias ocasionadas por piojos o liendres.

Almendras contra el olvido

El asunto sigue ahí, y continuará hasta llegada la fecha fatídica del 30 de agosto; fatal porque la gran mayoría de los niños -seamos sinceros- no les gusta ir a la escuela, en el mejor de los casos les gusta pero solo porque verán a sus amigos y estarán un rato lejos de la mirada de los padres: ¿México está listo para que los niños regresen a sus salones de clase?

En algunos lugares del país dicen que si, en Nuevo León ya existe una Unión por el regreso a las escuelas -claro, conformada por escuelas particulares, las que sobrevivieron ante la desbandada y baja de sus matrículas-; en otros, como Hidalgo, ya se declararon contra la medida anunciada por el Gobierno federal, “no existen las condiciones”, alegan.

Y como les digo, si aún no existe remedio para los piojos, quién puede garantizar que los niños eviten el contagio de Covid. Ya en redes sociales, algunos padres que enviaron a sus hijos de educación media superior denuncian que a dos días de iniciado el ciclo escolar los regresaron a sus casas porque se presentaron casos de Covid-19.

En junio pasado cuando se intentó el regreso en ciertas escuelas, el resultado fue contundente, los primeros casos de contagios, por ejemplo los de la Secundaria Técnica no. 80, en la alcaldía de Tláhuac, obligaron a abortar la idea. ¿Qué condiciones pudieron haber cambiado de junio a agosto para garantizar la sana estadía de los niños en sus escuelas?

Los datos muestran que luego de 18 meses de pandemia ni las autoridades educativas ni las de salud se han ocupado de algo que desean que pase: los niños deben regresar pues “les preocupa mucho su salud mental” luego del prolongado confinamiento. Si de verdad esa es la prioridad, porqué no lo ha sido antes; para enfermedades como depresión y ansiedad se carece de protocolos de atención básica; los niños que caen en estos padecimientos son incluso aislados por sus propios maestros que carecen de la capacidad para enfrentar los casos.

Lo dijeron, pero no se escuchó

Quién asumirá la responsabilidad y las consecuencias si el Covid-19 o variantes se propaga en las escuelas; quién se ocupa, más allá de contar y enfriar las cifras con engañosos porcentajes que deshumanizan a cada niño que se ha contagiado o muerto por la pandemia, ¿alguna autoridad cargará con los costos y los hechos?
Por lo pronto, ya vimos que no. En la conferencia matutina del pasado 12 de agosto, la bien capacitada Delfina Gómez Álvarez, para realizar sus primeros actos públicos como nueva titular de la Secretaría de Educación Pública, lo dijo muy claro: el décimo punto acordado para el regreso a clases es que “al salir de casa (sic) llevar a la escuela la carta compromiso de corresponsabilidad”.

Teniendo al presidente Andrés López Obrador como testigo, la maestra afirmó que “respetaremos y trabajaremos de manera conjunta alumnos, madres y padres de familia, así como maestras y maestros el protocolo sanitario que se establece por 10 acciones y que se han diseñado precisamente para ese regreso a la escuela”.

Y enfatizó frente a la sonrisa y aprobación del jefe del Ejecutivo: “nosotros estamos preparados, los maestros sé que van a dar esa muestra, como siempre lo han hecho, de esa entrega y esa vocación que tenemos hacia nuestra profesión y estamos listos… Estamos listos, señor presidente, estamos listos padres de familia, ténganos esa confianza, porque siempre hemos demostrado en el magisterio que sacamos las cosas adelante”.

Cinco días después, como si todo hubiera sido un sueño, otra vez en la conferencia matutina se aborda el tema. López Obrador sin la menor precisión de lo que testificó en el mismo lugar y casi a la misma hora, dijo que la carta responsiva “no es obligatoria. Si van los niños a la escuela y no llevan la carta, no le hace. Es que nosotros aquí tenemos todavía que enfrentar esta concepción burocrática, autoritaria, que se heredó del periodo neoliberal”.

E increpó: “¿ustedes creen que yo tuve que ver con la carta?

Pues no, fue una decisión abajo. Si me hubiesen consultado hubiese dicho: no, somos libres, prohibido prohibir; pero todavía tenemos que ir limpiando del gobierno de estas concepciones burocráticas, autoritarias y desde luego, terminar de limpiar el gobierno de corrupción y de ineficiencias, demoras”.

Imaginen el grado de responsabilidad y compromiso al que estarán expuestos los niños que “llueve, truene o relampaguee” asistirán a la escuela el próximo 30 de agosto.

Líos inmobiliarios alcanzan a Kosher

Vaya lío legal en el que se metió Jacobo Kurejwowski Saba o Jacobo Kurzon, como lo conocen algunos. Pues aunque muchas veces los habitantes de Tecamachalco lo vieron defendiendo los usos de suelo y alzar la voz contra los abusos de las inmobiliarias en la zona, debido a que funge como presidente vecinal de cambio de uso de suelo en Tecamachalco, desde hace meses se llevaron tremenda decepción. Este personaje está denunciado penalmente por presuntamente apropiarse, de manera ilícita, del inmueble ubicado en Fuente de la Juventud número 67, en Naucalpan, Estado de México, tierras que comanda Alfredo del Mazo. Jacobo es hermano del dueño de las tiendas Kurson Kosher, negocio que goza de muy buena reputación, pues surten a la comunidad judía en Polanco, Interlomas, Bosques y Tecamachalco. No obstante, los agraviados son muchos y exigen la pronta intervención de las autoridades federales y estatales.

Esta es otra historia y apenas inicia…


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/CR

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