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Evaluación de programas sociales.

Evaluación de programas sociales.

Columnas martes 21 de enero de 2020 - 02:45

Raúl Avilez Allende.*

A diferencia del análisis político que, se enfoca prioritariamente a presentarnos la prospectiva del problema en turno, la evaluación de programas sociales hace una retrospectiva que le permitiría al Presidente Andrés Manuel López Obrador, identificar los resultados y su relación con los objetivos planteados inicialmente. Sin embargo, a pesar de su utilidad práctica, no se le ha dado la importancia que merece.
Uno de los intereses fundamentales del Estado es gozar de legitimidad y obtenerla cada vez se va alejando del origen y fundación constitucional, para volverse más práctica y material, más visible y tangible ante la sociedad. Es aquí donde la capacidad y calidad de respuesta del gobierno ante las crecientes necesidades y requerimientos de la gente, se hace indispensable y se vuelve prioritario trabajar en mejorar esa capacidad, que finalmente legitima las acciones de gobierno.
Y aunque el Presidente parece estar blindado hasta de sí mismo, no debería echar en saco roto esta situación a nivel municipal, de alcaldías, CDMX, entidades federativas y sobre todo, a nivel de la Secretaría del Bienestar. A los alcaldes, gobernadores, Jefa de Gobierno y Secretaria del Bienestar, la gente sí les exige resultados.
Por ello, cobra especial importancia que a partir de la experiencia adquirida en el 2019 y una vez concluida la curva de aprendizaje, este año se consideren los imprevistos que siempre acompañan cualquier intervención social. Ya vimos los efectos desastrosos de no surtir a tiempo el impermeabilizante en el estado de Guerrero.
Siempre habrá algo que complique tanto la implementación como la evaluación, incluso imposibilitando la aplicación del programa en ciertas zonas, sectores o grupos sociales. Se requiere siempre del apoyo o por lo menos la neutralidad de ciertos actores o grupos de poder.
En el ámbito gubernamental las evaluaciones no son cosa común; no son bien vistas por originarse en su mayoría en los órganos de control o fiscalización; no se acostumbra evaluar para mejorar, sino para cumplir la norma.
Todo esto, tal vez no lo sepa la Secretaria del Bienestar María Luisa Albores González, pero para eso pusieron en la Subsecretaría a Ariadna Montiel Reyes, como operadora de los programas sociales.
Pero lo que sí sabe la Secretaria Albores es que, los actores políticos pueden darle un uso adecuado o inadecuado a los resultados de la evaluación, dependiendo de factores tan dispares como la moral, la ética o simplemente sus intereses personales o políticos. No es lo mismo que ella ordene la evaluación a que se la ordene el Presidente. No es lo mismo si ella evalúa para mejorar, que si la Auditoría Superior de la Federación evalúa para sancionar.
Lamentablemente, en todos los niveles, la dinámica de gobierno terminará por imponer su ritmo y sus tiempos, no habrá espacio, tiempo, ni recursos para evaluar lo realizado. En cuanto se le dé la importancia adecuada a las evaluaciones, a nivel presidencial, empezarán a formar parte de la agenda de gobierno, recibirán el tiempo y los recursos necesarios para su realización y los resultados serán de gran utilidad, llegando incluso a ser factores decisivos de cambios y resultados.
En lo que son peras o son manzanas, hay que juntar para la rifa del avión presidencial. Secretario Jiménez Espriú: tache, no se pierda la mañanera, donde aunque usted no lo crea, los cocodrilos vuelan.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com

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/CR

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