La guerra en Ucrania se libra en dos frentes: mediático y el militar, quien no mire a través de estas dos ventanas podo podrá saber y menos decir del conflicto. Las versiones de la guerra cambian radicalmente dependiendo del medio a través del cual se informen. Tanto que las víctimas se convierten en verdugos y viceversa. Ucrania no tiene gas como muchos medios afirman y basan su visión del conflicto sobre esta premisa, sí cuenta con la mayor infraestructura de tránsito de gas del mundo, porque el gas que proviene de Rusia, distribuye a toda Europa del energético. Se creó, ante la anunciada fricción, un nuevo gasoducto que no pasa por Ucrania, y este cambio de ruta del gas, es una de las muchas casus de la guerra.
La baja popularidad de Biden, que apenas toca 30 por ciento de popularidad es otro motivo, la injerencia de agentes de la OTAN, desde 2014; la necesidad de reactivar la economía de los fabricantes de armas, cuyos propietarios son también socios de medios importantes; la independencia de dos estados de Ucrania, cuya independencia reconoció Rusia, etc.
Dentro de esas causas que favorecen la política de Estados Unidos y sus aliados está el hecho de asociar, con esa comunión entre fabricantes de armas, medios de información y políticos conservadores, de llamar a los malos comunistas y a los buenos neoliberales. Desde el inicio de las diferencias entre Ucrania y Rusia, se dijo que éste país era comunista y que todavía hay resquicios de esa doctrina en la política de Vladimir Putin, lo cual muestra no sólo desconocimiento sino tergiversación mal intencionada de la verdad.
Se regresa al tiempo de la guerra fría, entre buenos y malos, más aún entre los malos y los aliados, como si estuviéramos en la Segunda Guerra Mundial, que muchos todavía creen que terminó ayer.
La asociación entre el fantasma del comunismo y la maldad, persiste en los medios cuyos socios están ligados al tráfico de armas y los intereses empresariales transnacionales, de tal suerte que la ocupación de Rusia a Ucrania es una muestra de maldad de los comunistas, aunque la hayan propiciado los estadounidenses.
Hemos visto que algunos medios en México tienen una dependencia informativa inusitada, incluso, servil. Las noticias de las guerras pasan por el filtro del departamento de Estado del vecino país y siempre dirán que van ganando hasta que se retiran de Vietnam o Afganistán derrotados.
La asociación entre comunistas y “buenos” tiene el objetivo de impedir que más regímenes progresistas lleguen al poder en Latinoamérica, área del mundo que siempre consideró la Casa Blanca como su patio tarsero, le temen porque en los últimos años esos partidos, esos líderes, esos regímenes ganan democráticamente cada día más espacios lo cual no conviene a sus intereses.