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Columnas
El debut de Javier Aguirre como DT de la selección no pudo ser peor; en dos encuentros realizados en Estados Unidos (contra Nueva Zelanda y Canadá) los ratones millonarios exhibieron sus miserias profesionales. Quedó demostrado que no se trata -nunca se ha tratado- de quién dirija al llamado Tri. También fueron ridículos y patéticos muchos de los “análisis” de los sabios del balón: que si “El Chino” Huerta debería, que si la línea de cuatro, que si el planteamiento táctico y así, bla bla bla, sin llegar al fondo del asunto que, lo hemos dicho, es la estructura corrupta del futbol mexicano.
Decía el presidente Abraham Lincoln que no se puede engañar a todos todo el tiempo y así es en efecto, tarde o temprano surge un movimiento que terminará por corregir aquello que no funciona, de esta manera ha sido y será a lo largo de la historia. Los estadios de Pasadena, California y AT&T de Dallas se vieron semivacíos durante los encuentros contra las potencias neozelandesa y canadiense, lo que fue un espectáculo en sí mismo. Nunca antes la fiel y sufrida afición mexicana-estadounidense se había ausentado de esa manera, parecía que estábamos en los tiempos de la pandemia. Durante mucho tiempo los llenos estaban asegurados, la receta era sencilla: allá en los estates los paisanos sienten la nostalgia de la tierra natal y se aferran a sus raíces, ¿qué mejor manera de apoyarlos que llevándole hasta la comodidad de sus estadios a la selección nacional?, más aún si pagan en dolaritos. Negociazo pues.
Pero hete aquí que, como dijo mister Lincoln, “pus no siempre funciona ¿verdá?” Es pronto para saber los alcances de lo que vimos, o mejor dicho no vimos en los estadios gringos, pero es altamente probable (lo cual es mi deseo ferviente) que sea el principio del despertar de los aficionados, quienes hartos de fracasos, malos equipos, pésima planeación y un larguísimo etcétera de sinsentidos y desmesuras, finalmente han decidido darle la espalda al apellidado “equipo de todos”, el cual sabemos bien no es tal.
Cuando alguien va con su familia a un restaurante donde el servicio es lento, la comida no tiene buen sabor, el local está sucio y donde en suma lo tratan mal, lo más probable es que no vuelva a ir. La mayoría de los clientes insatisfechos (regla de oro para todos los negocios) no se quejan, no reclaman, no dicen nada, pero no regresan, así de sencillo. Tal vez es lo sucedió en Estados Unidos con la selección, el tiempo lo dirá. Lo que sí es un hecho, es que, acorde con los tiempos que vivimos, ha llegado el momento de que la afición de allá y de acá rescate al deporte de sus amores de las manos de un grupo de gente sin visión ni ética, para expresarlo de manera suave. Se trata, ni más ni menos, de llevar a cabo la re fundación del futbol mexicano. Hay muchas cosas que podemos hacer al respecto.