facebook comscore
Habemus T-MEC ¿y ahora?

Habemus T-MEC ¿y ahora?

Columnas viernes 17 de enero de 2020 - 00:22

Tal como se esperaba el Senado norteamericano aprobó el T-MEC con lo que, a reserva de que Canadá haga lo propio, se asegura la integración comercial de la región. Dadas sus repercusiones, contar con un T-MEC aceptado por los tres países y operativo es, sin duda, la mejor noticia económica que ha dado la 4T. Ahora el reto es que el T-MEC se utilice de manera inteligente para que no sea la única buena noticia.

Al inicio de los 80 el agotamiento de los modelos de desarrollo proteccionistas y del socialismo soviético como una alternativa a la economía de mercado, aunados al colapso político del comunismo y la revolución en las tecnologías de la información, resultó en una nueva etapa donde el libre comercio global se consolidó como la estrategia más viable para generar mayores oportunidades de desarrollo y de colaboración pacífica entre las diferentes regiones (es más fácil pelarse con un amigo que con un socio).

Este cambio se asocia, en términos mundiales, con las figuras de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. En el caso de México, se vinculan con Carlos Salinas de Gortari quien, después de la “década perdida” y las quiebras del país generadas durante el populismo de Luis Echeverría y la fatuidad de José López Portillo, buscó con el entonces TLCAN llevar al país a la vanguardia económica aunque, dada la disociación entre la modernidad y el régimen político, su administración terminó amargamente con la crisis de 1994.

Para muchos economistas de izquierda (lo que quiera que eso signifique en estos tiempos), socialistas trasnochados y críticos antisistema (cualquiera que sea), la triada Thatcher-Reagan-Salinas es, parafraseando al López Obrador previo a Morena, “innombrable”. Sin embargo, y más allá de las leyendas urbanas alrededor del ex presidente Salinas, el modelo se consolidó en la Administración de Ernesto Zedillo para, como usualmente sucede en temas políticos y económicos, obtener resultados variopintos pero lo suficientemente solidos y resilientes como para que políticos tradicionalmente adversos al libre comercio, como Trump o López Obrador, hoy estén renovando el acuerdo regional y presumiéndolo.

¿Esto significa que con la eventual entrada en vigor del T-MEC ya la brincamos? Desafortunadamente, no. El acuerdo comercial nos da una plataforma importantísima sobre la cual construir las políticas públicas para lograr estabilidad, crecimiento y mejores oportunidades, pero va a depender de cada país cómo las diseña e implementa.

En el caso de México, se hará en un entorno castigado por dos crisis: una terrible de inseguridad y otra de confianza entre los inversionistas (que ha frenado la inversión, el crecimiento y la generación de empleos formales). Adicionalmente hay que considerar que, como parte de las estrategias de canadienses y mexicanos para contener el gandallismo de la Administración Trump, tal como lo reseñó Luis de la Calle de manera oportuna en su columna, se hicieron concesiones que implican riesgos potenciales.

La más evidente es que se haya incluido de último minuto las medidas de fomento del uso de acero y aluminio norteamericano para la manufactura (la importación se limita a productos finales), lo que implica un incremento de costos para canadienses y mexicanos, así como pérdida de atractivo regional para la atracción de nuevas inversiones.

Esta pérdida de atractivo y competitividad es particularmente sensible para el sector automotriz, pues combinado con los incentivos estadunidenses para que más actividades de la industria se queden en aquel país y el cambio de paradigma tecnológico que terminará con la dependencia a la gasolina, podría significar que las armadoras establecidas en México queden fuera de las nuevas plataformas de producción dejando a nuestro país relegado a productos de menor valor.

Dado que el sector automotriz fue el “campeón” que permitió tanto la diversificación de las exportaciones mexicanas como la superación de la dependencia estructural a los hidrocarburos, y reconociendo que los proyectos y decisiones en el sector energético (incluido Dos Bocas, el rescate de PEMEX, los CEL y el jaloneo con las subastas) son las que más dudas generan, a la 4T le debería preocupar que hoy no haya otro sector que alce la mano por el país.


Esperemos que reaccionen y que no lo hagan insistiendo en confundir slogans y frases pegajosas, con políticas públicas.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
Seguir estudiando ¿cómo? Columnas
2020-10-26 - 23:51
A UNA SEMANA DEL “DIA D” Columnas
2020-10-26 - 23:29
Tiraditos Columnas
2020-10-26 - 00:36
Un convoy  en la CDMX Columnas
2020-10-26 - 00:36
La cosificación y venta de los niños Columnas
2020-10-26 - 00:26
+ -