Las travesías en automóvil por los rústicos caminos nacionales despertaron gran entusiasmo; algunos vendedores avezados en el negocio vieron la oportunidad de promocionar sus productos, dándole cause al espíritu aventurero de muchos, quienes se ofrecían como voluntarios para llevar a cabo expediciones. Paralelamente, los posibles compradores obtenían una muestra de las ventajas de la marca patrocinadora. Por lo general formaba parte del “raid”, como fueron conocidas, un reportero que se dedicaba a describir detalladamente todo lo acontecido. Las diversas marcas y casas comercializadoras se lanzaron a los caminos en pos de la clientela.
El ímpetu de los viajeros no tenía límites; en noviembre de 1909, los señores McKie Walker, gerente exclusivo de Packard en México, Arturo R. Hogg, editor especializado en el ramo y Carlos Walker y J. Rubio, vendedores de dicha firma, realizaron una excursión de México a Puebla. Los acompañó un fotógrafo de “El Heraldo”, edición vespertina de “El Imparcial”, el mayor periódico del país. Los cinco viajeros iban a bordo de un flamante Packard de cuatro cilindros y 30 hp modelo 1910, el cual estaba bien provisto de combustible, refacciones y agua. Para entonces ya se realizaban las obras de mejora del camino, pero éstas apenas llegaban a Texcoco, por lo que el trayecto no fue nada placentero. Hicieron un tiempo total de 5 horas y 22 minutos, con varias detenciones para repostar gasolina. Emprendieron el regreso casi de inmediato y llegaron a la estación de San Lázaro a las 5:00 pm, pero como aún no se sentían cansados decidieron dirigirse a Cuernavaca. Arribaron a la capital morelense a las 9:45 pm. Ahí cenaron y dado que no tenían donde pernoctar, como no fuera en el coche mismo, marcharon nuevamente. Completaron la vuelta a la 1:30 de la madrugada. El único contratiempo que sufrieron durante el periplo fue una cámara rota, en el camino hacia Puebla, que fue rápidamente reparada. El objetivo publicitario se cumplió con creces y también el deportivo, pues el viaje sirvió para revisar la ruta de la primera carrera México-Puebla que se estaba organizando.
Durante varios años los viajes aventurero-publicitarios demostraron que era posible hacer largas travesías en automóvil sin mayores problemas, logrando de paso convertir los vehículos en algo común en muchas regiones rurales. El equipo de Packard, comandado por McKie Walker recorrería otras rutas, como la México-Guadalajara, en marzo de 1910, o la México-Zacatecas, poco tiempo después. Otro más de los efectos de los “raids”, fue animar a las autoridades a realizar importantes obras de mejora en la red de caminos. Así, en abril de 1910, el general Porfirio Díaz inauguró la carretera (aún no asfaltada, pero sí aplanada y limpia de piedras) Iguala-Chilpancingo. Para probar la calidad del trabajo Carlos S. Walker, además de un “mecánico de la casa” Packard y el señor Hogg, dueño del auto, partieron hacia Chilpancingo. Llegaron a Cuernavaca y Santa Fe, pero les fue imposible seguir avanzando porque el camino era impracticable. Montaron entonces el vehículo en una plataforma del ferrocarril y llegaron así hasta Iguala. Recorrieron la recién terminada vía que fue descrita como una “mesa de billar”. En total les llevó dos días ir de México a Chilpancingo.
Por toda la geografía del país, al tiempo que crecía y mejoraba la red de carreteras, automóviles y camiones tomaban posesión a toda velocidad de sus nuevos dominios, dejando de ser gradualmente un símbolo de estatus social, para convertirse en una necesidad de progreso material, económico y elemento indispensable de la vida cotidiana. La aventura del camino fue perdiendo inexorablemente su aura romántica, pese a varias expediciones largas y complicadas, incluso llegadas desde lugares remotos como Canadá y Estados Unidos. Hacia principios de la década de 1920 había dejado de ser noticia y los aficionados tuvieron que buscar otros retos. Hasta el jueves…