En 1968 Bobby Fischer tenía 24 años y ya había sido campeón de los Estados Unidos en ocho ocasiones y, dado que no había tenido la oportunidad de competir por el campeonato mundial vivía semi retirado en California. En 1969 se proclamó campeón el soviético Boris Spaski (fallecido en febrero de 2025), un joven y carismático ajedrecista, cuyo estilo de vida era lejano a la política, no le interesaba en absoluto la guerra fría y tampoco sentía odio o desprecio hacia el país del dólar. Spaski era uno de los poquísimos que tenía una marca ganadora frente a Fischer: 4-0-2, el neoyorquino jamás lo había derrotado.
Las ansias de ganar el campeonato motivaron a Bobby a regresar a la actividad en 1970; participó en el torneo para retar al campeón, donde borró 6-0 al maestro soviético Mark Taimánov y dos oponentes más. Ni se despeinó.
Finalmente, el esperadísimo encuentro tantas veces soñado, se dio en la capital islandesa, Reikiavik. La URSS y los USA se tomaron el match como un asunto de Estado. A diferencia de Spaski, Fischer sí odiaba de manera visceral a su rival; no soportaba todo aquello que oliera a comunismo soviético, creía que los “rojos” se habían confabulado para que no pudiera llegar a disputar el título.
Fue el match del siglo; ningún encuentro de ajedrez, antes o después, despertó tanto interés y expectación mundial, no se hablaba de otra cosa, Fischer vs Spaski. Grandes intelectuales, como Norman Miller y Arthur Koestler, llegaron a Reikiavik. El escritor mexicano, Juan José Arreola, gran apasionado del juego, obtuvo su acreditación y también se apersonó en el lugar. Se dio un furor en el mundo por el ajedrez, que detonó la aparición de innumerables clubes y círculos. En Nueva York, Fischer despertó más interés que los mismísimos Yankees.
El campeón llegó rodeado de su equipo de apoyo conformado por expertos ajedrecistas, psicólogos y asesores. Bobby Fischer era un genio, egocéntrico, complejo, difícil y casi paranoico, por lo que rechazó todo apoyo, llegaría solo. Sin embargo, poco antes del inicio del encuentro, el neoyorquino comenzó a tener un comportamiento errático, exigió más paga y, aunque la Federación Internacional hizo un incremento sustantivo, no apareció.
Se hizo la apertura oficial sin Bobby presente. La Casa Blanca tuvo que intervenir, el Secretario de Estado, Henry Kissinger, habló personalmente con él para convencerlo de jugar, Estado Unidos no podía darse el lujo de parecer débil frente a la URSS. Bobby aceptó, pero hizo más demandas sobre la iluminación, los tableros, que le asignaran una suite más lujosa y un cocinero personal las 24 horas. Todo se cumplió, pero el torneo se retrasó dos días. Spaski se comportó como un caballero y fue paciente.
El día esperado, Spaski hizo el primer movimiento, sin Fischer presente, quien llegó “in extremis” quejándose del ruido y sonido emitido por las cámaras que filmaban las acciones. Boris ganó las dos primeras partidas y entonces Fischer pidió jugar en un cuarto aislado y ahí pudo ganar el tercer encuentro. El match se prolongó durante más de un mes y Bobby recortaba la desventaja inicial. El soviético sentía la presión y cometió varios errores, se estaba derrumbando. En la partida 21 Fischer ya tenía ventaja. Spaski comprendió que no podía ganar y se retiró. El 1º de septiembre de 1972 Bobby Fischer fue coronado rey del ajedrez mundial.
Su reinado fue muy breve. En 1974 se negó a jugar con la joven promesa rusa Anatoli Kárpov. Bobby se retiró y años más tarde se enemistó con su país y cultura. Murió en 2008 en Reikiavik, la ciudad donde alcanzó la gloria. Hasta el jueves…