El presidente Joe Biden está por cumplir 81 años, el expresidente tiene 78 y los lideres del congreso rondan igualmente en la 8va década, impedir el relevo generacional parece ser una costumbre muy arraigada entre la clase política más influyente en los Estados Unidos.
Nancy Pelosi, una de las mujeres más poderosa no sólo del Congreso sino de todo el país, cumplió en marzo pasado 83 años y llama la atención precisamente que sí de algo carece el alto circulo político es de caras nuevas, de gente de una, dos o tres generaciones posteriores, sobre todo en un país donde la edad promedio es de los 38.9 años.
Y es que, las imágenes de Mitch McConnell de 81 años, líder de la minoría en el Senado, paralizado en una rueda de prensa, es un claro ejemplo de un término que domina la política en Estados Unidos, la gerontocracia.
Desde hace por lo menos una década se han reavivado el debate entre los políticos estadounidenses: ¿debería haber una edad límite para poder gobernar?
Muchas y muy variadas son las respuestas, pero la realidad ahí está. La semana pasada falleció a los 90 años la senadora por California, Dianne Feinstein.
El primer presidente octogenario de la historia de Estados Unidos es señalado frecuentemente por su avanzada edad. Todo indica que será nuevamente candidato, casi único, del partido Demócrata a las presidenciales de 2024 y para noviembre del 24, estará a la puerta de sus 83 años.
Información estadística del Servicio de Investigación del Congreso estadounidense, señala que la edad promedio de los miembros de la Cámara de Representantes era de 57.9 años y la de los senadores de 64. De ahí el debate, de ahí el término de gerontocracia.
En ninguna circunstancia las reflexiones al respecto son desde el sillón de la discriminación, no, se hacen con una visión de futuro, sobre todo, ante el rápido avance y empuje de las nuevas generaciones que vienen con una base tecnológica que bien podría ser el resorte impulsor del país. Sólo hay que ver que este Congreso es el segundo de mayor edad en la historia.
Los estudiosos de la política estadounidenses señalan que este fenómeno se debe, primero, a la demografía, pues los gobernantes son parte de la generación de los baby boomers nacidos tras la Segunda Guerra Mundial, a ello se suma que en las campañas "el dinero juega un papel fundamental" y, puesto que muchos donantes "son mayores", impulsan a "las personas con que cuenten con más peso político en el sistema tal como lo explica en su libro "Brecha generacional: por qué los baby boomers todavía dominan la política y la cultura estadounidense" del catedrático de Penn State, Kevin Munger .
@arnc7