La efervescencia política en México radicaliza a una parte de los competidores en las urnas a grado tal que entre mentiras y acusaciones agresivas puede caerse en la violencia, a causa de la desesperación que muestran ante la inminente derrota electoral.
La violencia verbal suele anunciar una violencia física, concreta, salvaje. Los conservadores tienen mucho que perder en la próxima derrota electoral, a grado tal que han visitado a Luis Almagro, secretario general de la OEA, para detener la fuerza social de Morena, anunciando, involuntariamente, un futuro fraude electoral.
La credibilidad del personaje que visitó a Almagro, y la del propio secretario general de la OEA anuncia una violación a las leyes. Ildefonso Guajardo, ex secretario de Economía, acusado de enriquecimiento ilícito, señalado de tomar a la Profeco como su caja chica, y de ser un pillo electoral, visita a otro personaje oscuro, no del todo limpio en su historial delictivo, que tuvo que ver con varios golpes de Estado en América Latina.
Ante este panorama y los antecedentes de la derecha en México no cabe duda de que si hay violencia provendría de la misma derecha contra sus propios correligionarios. El anuncio de un asesinato por las fuentes desbordantes de mentiras, esta vez cobra sentido y anuncian, a veces sin saberlo, un drama que nunca debe suceder en México.
Los dislates de la derecha que mostraron, en su momento, la desesperación por recuperar privilegios como la exención de impuestos, la apropiación de predios, la facilidad de fallos laborales contra sus empleados, etc. no le funcionaron, en su mayoría, a los verdaderos propietarios del Frente Amplio por México.
La asesoría externa de la derecha en América Latina es la misma que ha asesinado políticos o intentado hacerlo. Para sus fines basta con un atentado para capitalizar las simpatías del electorado dada la tradicional desinformación que padecen los habitantes de la región.
Las visitas al extranjero de panistas y socios son justificaciones mediáticas con el objetivo de ocultar las acciones violentas futuras donde ganen espacios, simpatías y elecciones. La derecha no es conciliatoria i pacífica aunque en parte de su discurso así lo quieran aparentar.
Los debates internos del frente no son una muestra de los proyectos políticos de los debatientes sino una trinchera común contra el actual gobierno que anuncia un embate contra la 4T y no una discusión de propuestas. Saben que su tema no debería centrarse en el enemigo común; sin embargo, no desaprovechan reflectores para denunciar lo que llaman dictadura, autoritarismo, censura, etc.
Así, con esos apodos tienden puentes para el apoyo internacional, político y económico, de un posible golpe de Estado o para un atentado cuyos culpables verdaderos se extravíen en la maraña de intereses y manipulaciones de quienes siguen influyendo en los tres niveles de gobierno.