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Columnas
En cada proceso electoral, México se sumerge en un mar de debates, propuestas y, lamentablemente, también de polarización. Las elecciones presidenciales de 2024 no son la excepción. Sin embargo, una vez que las urnas cierren y los votos se cuenten, el verdadero desafío no será determinar quién ganó, sino cómo todos los mexicanos, independientemente de su elección, pueden unirse para construir un futuro próspero y armónico.
La historia de México está repleta de ejemplos donde la unión nacional ha sido el catalizador de grandes logros. En los terremotos de 1985 y 2017 en la Ciudad de México dejó a miles sin hogar y cientos de edificios colapsados. La respuesta no se hizo esperar: jóvenes y ancianos, ricos y pobres, todos se convirtieron en rescatistas improvisados. La solidaridad de aquellos días trascendió cualquier diferencia política o social.
De manera similar, durante la pandemia de COVID-19 que inició en 2020, México mostró su resiliencia. Médicos, enfermeras y personal de salud trabajaron incansablemente, a menudo con recursos limitados. La sociedad respondió con gratitud y apoyo, organizando colectas, donando equipo y hasta ofreciendo alimentos a estos héroes modernos. No importaba si eran del norte o del sur, de izquierda o de derecha; lo que unía a todos era el deseo de superar juntos esta crisis sanitaria.
Estos episodios históricos nos enseñan que, cuando los mexicanos se unen por un propósito común, son capaces de lograr lo extraordinario. Entonces, ¿por qué permitir que unas elecciones, por importantes que sean, nos dividan?
Es natural que en una democracia existan diferentes visiones sobre cómo conducir al país. La diversidad de opiniones no es un defecto, sino una fortaleza. El problema surge cuando esas diferencias se transforman en animosidad, cuando se etiqueta al "otro" como enemigo y no como un compatriota con una perspectiva distinta.
En este 2024, México tendrá una presidenta por primera vez en su historia, quien asuma la presidencia no solo hará historia, sino que también heredará un país con grandes desafíos: inseguridad, desigualdad económica, corrupción, entre otros.
La magnitud de estos retos exige la participación de todos los sectores de la sociedad. Una presidenta, por hábil que sea, no puede resolver sola los problemas nacionales. Necesita el respaldo y la colaboración de gobernadores, alcaldes, legisladores, empresarios, académicos, líderes sociales y, sobre todo, de los ciudadanos comunes.
Esta transición del "modo campaña" al "modo gobierno" requiere madurez política. La retórica divisiva que puede ser efectiva para ganar votos, pero se vuelve contraproducente cuando se trata de gobernar. La nueva presidenta deberá tender puentes, escuchar a la oposición y buscar consensos. No se trata de abandonar sus principios, sino de reconocer que en una democracia, el diálogo y el compromiso son esenciales.
Igualmente, quienes no vean a su candidata favorita en la silla presidencial deben actuar con altura de miras. En una elección, siempre habrá quien gane y quien pierda, pero en la construcción de la nación, todos pueden y deben participar. La oposición tiene un papel crucial: fiscalizar al gobierno, proponer alternativas y representar a sus electores. Pero esta labor debe hacerse desde la crítica constructiva, no desde el obstruccionismo.
En lugar de alimentar divisiones, los mexicanos deben enfocarse en sus puntos de encuentro. Todos quieren mejores escuelas para sus hijos, hospitales de calidad, empleos dignos y comunidades seguras. Las diferencias radican en cómo alcanzar esos objetivos, no en los objetivos mismos.
Las elecciones de 2024 son un capítulo importante en la historia de México, pero no son el final de la historia. Lo que sigue después de las urnas —la reconciliación, la colaboración, la búsqueda conjunta de soluciones— es lo que realmente definirá el futuro del país.
La presidenta electa tendrá el honor de liderar este esfuerzo, pero la responsabilidad de hacerlo realidad recae en cada uno de los más de 130 millones de mexicanos. Juntos, como lo han hecho tantas veces en su historia, pueden superar cualquier obstáculo y escribir un capítulo de éxito, unidad y progreso para su nación.