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López Obrador: ¿Amenaza para México?

López Obrador: ¿Amenaza para México?

Columnas martes 11 de agosto de 2020 - 00:43

Los cuestionamientos al presidente Andrés Manuel López Obrador por las diferencias de percepción y de criterio que un sector de la comunidad tiene con el gobierno de la 4T suelen presentarse no como una diferencia, con razón o sin ella, de algunos grupos, sino como una afrenta al universo de los mexicanos, a todos, se entiende.
Es claro que el presidente no tiene el apoyo unánime de la sociedad mexicana. Nadie lo ha tenido en la historia del mundo, aunque en otras épocas los disensos no tuvieran salidas de expresión como las que existen ahora.
Los medios como nunca ejercen su libertad de expresión —muchas veces distorsionando el rigor periodístico— en un ataque sistemático contra todo lo que signifique el lopezobradorismo. Es por esta razón que nadie en su sano juicio puede argumentar que el presidente López Obrador amenaza la libertad de expresión, aunque haya voces que sostienen esa tesis. Más todavía, si alguien desde fuera analizara a México a través de la lupa mediática llegaría a la conclusión que el país está a punto de colapsar y el presidente de la República se encuentra en franca retirada.
En esta misma línea de argumentación se afirma la gravedad de la situación económica del país y se ofrecen datos que sustentan esas reflexiones. Y tienen bases estos juicios. No las hay, empero, cuando se trata de lograr el nexo causa y efecto de esa hipótesis que podría verbalizarse de la siguiente forma: “A mayor gravedad económica más descontento social y levantamientos sociales de la periferia al centro hasta dar cuerpo a una guerra civil”.
Lo anterior no tiene posibilidades de traducirse en los hechos ni siquiera de convertirse en un escenario probable, a la luz de los datos con los que se cuenta. Se afirma también que el presidente de la República debe guardar silencio. Por ello, representa un peligro a la convivencia ciudadana el ejercicio de la libertad de expresión presidencial. Este argumento está provisto de elementos metajurídicos debatibles, pero no se han ofrecido elementos de juicio anclados en el sistema normativo jurídico vigente.
Precisamente por lo absurdo de iniciar un litigio estratégico en esa dirección, nadie ha llevado a tribunales esa convicción, de suerte que la censura al presidente López Obrador se volviera una resolución judicial inapelable. Los alegatos a favor del silencio del presidente se han quedado sólo en la república de los medios y con toda probabilidad de ahí no pasarán. Con todo y sus desaciertos, lo cierto es que el presidente López Obrador tiene la aceptación de la mayoría de los mexicanos.
Las encuestas, incluidas las de medios que no se pueden calificar como proclives a la 4T, dejan constancia de estas fotos secuenciales de momento. El sector más amplio de la sociedad sigue apoyando a López Obrador, a pesar de todos los análisis de la fatídica realidad que formulan analistas sobre los más distintos rubros. Sea como fuere, los esfuerzos por internalizar las discrepancias con el presidente en las pautas de comportamiento de los grandes grupos de población se advierten difíciles de tener éxito. En efecto, las percepciones de la realidad son distintas en razón y medida del lugar en que cada quien se ubica en la sociedad, de sus expectativas, de lo que considera, en suma, correcto o adecuado y aquello que no lo es.
Otra cosa sería si en México el derecho al voto estuviera sujeto al nivel de renta o de grados académicos de los ciudadanos. En ese escenario hubiera sido casi imposible que López Obrador hubiera ganado la presidencia de la República. Lo cierto, para mal de algunos y para bien de muchos, es que cada ciudadano/a mexicano tiene exactamente el mismo poder en las urnas electorales, uno de los pocos momentos donde, en buena medida, las asimetrías económicas, sociales y culturales se reducen de manera sustantiva.
A pesar de los errores de la 4T y de los pronósticos de la tormenta que supuestamente llevará al naufragio al país, todo indica que el presidente López Obrador es el primer titular del Ejecutivo Federal con el mayor poder real del México contemporáneo vistas las decisiones que está tomando con resistencias, cada vez menores, a las habidas hace apenas algunos meses y a pesar del cuestionado manejo de la pandemia, salvo los núcleos duros que legitiman el actuar del presidente porque, parafraseando al ideólogo priista Jesús Reyes Heroles, lo que resiste, apoya.

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/CR

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