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Los límites de la diversidad 

Los límites de la diversidad 

Columnas lunes 01 de junio de 2020 - 01:19

En la actualidad celebramos la diversidad como un valor que aporta distintas visiones en la construcción de sociedades democráticas en todo el mundo.

Hoy en día, cuando se habla de diversidad, se piensa casi de inmediato en el discurso de la diversidad sexual, que poco a poco, a lo largo del tiempo, ha ganado terreno para posicionarse socialmente como el paradigma generalmente aceptado, superando la condición de paradigma minoritario que detentaba hasta hace algunas décadas.

Pero la diversidad es mucho más que eso. No se agota en el terreno de las preferencias sexuales. Implica la inclusión de todas las voces y sectores sociales en el debate de los temas de interés público, y la consideración de todos los sectores, mayorías y minorías, en los procesos de toma de decisiones de impacto general.

En la diversidad cabemos todos. Sin importar raza, género o sistema de creencias. Y esto último es lo más difícil de articular. “Cada cabeza es un mundo”, significa que existe la posibilidad de que coexistan tantos sistemas de creencias, como millones de personas en el planeta.
Sin embargo, muy similar a la paradoja de Popper sobre tolerar a los intolerantes, se presenta una paradoja en el valor social de la diversidad.

Aceptar la diversidad implica reconocer las ventajas de escuchar e incluir a todos los sectores sociales. Aceptar solo a algunos, representaría una especie de “diversidad selectiva” que terminaría por extinguir el propio reconocimiento al valor de la diversidad.
¿Qué sucede entonces con los partidarios de la uniformidad de pensamiento, enemigos de la diversidad?

¿Es posible que la diversidad acepte realmente todas las voces? ¿Es necesario limitar aquello que puede ser aceptado?

Si la diversidad excluye algunas voces, deja de ser lo que aspira a ser. Y si no, puede encontrarse con severas contradicciones que la hagan inviable.

¿El llamado “discurso de odio” cabe dentro de la diversidad, cuyo valor positivo hemos venido reconociendo y enalteciendo?

Si no cabe, entonces tenemos una diversidad excluyente. Y si cabe, entonces la diversidad guarda dentro de sí misma sus propias y severas contradicciones.
Creo que no podemos poner límites a la diversidad. Y entonces tendríamos la obligación de ser incluyentes hasta el extremo, con la otredad, con la alteridad. Reconocer en nuestras contradicciones sociales el valor de la diversidad, que de otra manera se vuelve uniformidad.

Aceptar el discurso contramayoritario (no en todos los casos califica como “discurso de odio”) es parte de una sociedad democrática que abraza el valor de la diversidad.

Flor de Loto: La libertad de expresión ha venido cediendo terreno a discursos uniformes que apuntan a lo “políticamente correcto”. Algunos otrora partidarios de la diversidad, hoy se han vuelto policías del pensamiento, atacando las expresiones hoy minoritarias, contrarias a su propia ideología.


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/CR

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