A los medios convencionales le va mejor con regímenes antidemocráticos, represivos y sin contacto con el pueblo. Mientras más alejado esté el gobierno del pueblo, los funcionarios más necesitan de los medios y es cuando se firman los convenios con fines de manipulación.
Mientras mejor les va a los medios convencionales peor le va al pueblo.
El esquema de la mentira en los medios convencionales está diseñada históricamente en México para preservar el poder no para luchar por obtenerlo. Y esto se hace evidente diariamente, frente a un descrédito creciente y una manipulación cada vez más burda.
Los medios convencionales son eficaces para mantener el poder dentro de la oligarquía del país, no para acompañar a la oposición para ganar en las urnas y mucho menos darle solidez a sus argumentos y persuadir sobre sus contenidos.
Fueron muchos años de tergiversar la historia cotidiana como para que piensen regresar al masoquismo de la credibilidad en esos medios. Aunque todavía hay medios convencionales que tienen público y que, además, todavía son solicitados por los gobiernos de la transformación a firmar convenios, aunque no estén muy seguros de que este propósito informativo sirva todavía como su blindaje a críticas o sea un mecanismo rutinario que sostiene las tradicionales redes del engaño.
La prensa en México prefería el dinero a la libertad de expresión, un intercambio desigual que siempre consideraron justo, aunque caminaran en sentido contrario de la historia.
Los mexicanos hacían esfuerzos muchas veces frustrados para entender lo que sucedía en la política, la cual era terreno minado para los ojos de la sociedad.
Los políticos preferían que la gente pensara que la política era sinónimo de corrupción, antes de dar a conocer por lo menos, las atribuciones de cada uno de los cargos en el gobierno, responsabilidades que monopolizaba el Presidente de la República, sin distingo.
La cultura cívica estaba en manos de la televisión y los medios impresos, votar o no votar daba lo mismo. Los que ahora exigen voto obligatorio nunca se preocuparon por bajar los niveles de abstencionismo, al cual interpretaban como una expresión natural de la sociedad y no un problema propio del sistema.
Todo autoritarismo es antidemocrático y nadie lo advertía, al contrario, el principio de autoridad rebasaba los límites de la violación a los derechos humanos todos los días, con la justificación correspondiente en los medios.
La violación a los derechos humanos en México era presentada en los medios como una victoria ante el mal, porque lo mismo aplicaban la represión contra guerrilleros, que contra disidentes, los delincuentes comunes, los enemigos políticos, maestros que protestaban en las calles, obreros exigiendo respeto a sus derechos laborales. Los medios convertían a los buenos en malos y a los malos en buenos. Eran socios, cómplices y voceros del poder.