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Mejor, nada

Mejor, nada

Columnas jueves 06 de agosto de 2020 - 00:49

Casi todas las discusiones serias sobre los efectos presentes y futuros de la pandemia son acaparados por dos flancos: la salud y la economía. Las dos, por otra parte, siendo guiadas por la política, lo que resulta cada vez más evidente. Hablo de la política en el buen sentido (que lo tiene), a la técnica de resolver conflictos colectivos sin recurrir a la violencia. Es inevitable. El tratamiento de una enfermedad es un tema médico, pero el manejo de una pandemia es una decisión política, aunque se le arrope con todo el lenguaje farmacológico conocido. Porque implica restricción de las libertades civiles y control social de la conducta humana ante una situación de excepción jurídica (porque eso es, también, aunque nadie lo diga porque suena feo). Respecto de la economía, también es la demostración de que el Estado es la entidad necesaria, en última instancia, para coordinar acciones y ejercer potestades financieras de última instancia. El regreso del Estado de Bienestar, o del Estado Administrativo Policial, depende a quién le preguntemos, parece inevitable.
Pero entre el desorden de agendas y la viralización del miedo, hay otro tema estructural que está resultando ser el gran perdedor: el educativo. Sabemos que la crisis puso a todos los sistemas escolares del mundo en un curso intensivo de ingenio y compromiso, para concluir el ciclo escolar que ya estaba en marcha, haciendo uso de herramientas tecnológicas y sometiendo a alumnos y docentes a un tipo de estrés diferente, que exhibió deficiencias de todos. Es normal.
Lo interesante es lo que depara el futuro cercano. Las autoridades sanitarias no se animan a declarar seguro el regreso a clases, y por cómo se han colocado los incentivos y los riesgos políticos, es muy poco probable que alguna se anime a hacerlo, antes de que haya alguna declaración internacional que dé por concluida la pandemia; y esto no sucederá en los próximos doce meses, con o sin “vacuna”. Es más, debemos prepararnos para el batidillo discursivo de que “con todo y vacuna te puedes contagiar”; “aún hay riesgo”; “todos somos mortales” y frases semejantes, empezando por la OMS, los próximos meses.
En suma, no hay ni habrá “condiciones” para que den luz verde de clases presenciales, y la alternativa, para que los estudiantes sigan avanzando en sus ciclos educativos, es redoblar esfuerzos para que esta modalidad, mientras dure, salga lo mejor posible. Pero ya se asoman voces, como la de la incombustible CNTE, para decir que no, porque la educación virtual no sirve. Tampoco dan una alternativa mientras dure la pandemia, así que seguramente consideran que, en todo caso, no haya clases, y punto. Eso sí, que los maestros sigan cobrando, y de una vez platicamos sobre ese dinero que se les pretende pagar a las televisoras; no faltará, dentro de la CNTE, quién le haya encontrado ya otro destino. Porque, primero están los niños.

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/CR

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