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Niños delincuentes, gobierno indiferente

Niños delincuentes, gobierno indiferente

Columnas lunes 02 de septiembre de 2019 - 02:36

En el año 2015, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó su informe “Niñez, violencia y crimen organizado”, en el cual dio a conocer un dato escandaloso, alrededor de 30 mil niños mexicanos han cooperado activamente con grupos criminales en delitos como extorsión, piratería, así como tráfico de personas, de armas y drogas, muchos de ellos han sido detenidos.

Los expertos coinciden en que estos arrestos están precedidos de un problema estructural y recalcan que la inoperancia del gobierno para ofrecer una mejor vida y oportunidades, es el origen del problema.

Un par de casos ponen la muestra de lo que viene sucediendo en nuestro país: María Celeste, de 16 años, quien fue detenida en Jalisco por colaborar con Los Zetas. Fue capturada en 2010, luego de un enfrentamiento. Aseguró que había sido adiestrada por dos meses y que sabía usar armas como una AK-47 o una AR-15.

Otro caso sucedió en 2010, Edgar Jiménez Lugo, un joven de apenas 14 años, fue detenido por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional luego de haber torturado y asesinado a por lo menos cuatro personas.

Las víctimas eran enemigos del Cártel del Pacífico Sur, organización criminal para la cual trabajaba como sicario, y de la que recibió más de 2 mil 500 dólares por las ejecuciones, fue sentenciado tres años de prisión.

Datos de la Secretaría de Marina, la Policía Federal y la Fiscalía General de la República dimensionan el problema: en 12 años estas instituciones detuvieron a 4 mil 350 menores de edad en operativos contra el crimen organizado. Las bandas criminales comenzaron a utilizar a menores, primordialmente como halcones —vigilan que las autoridades no se acerquen a las zonas donde operan—.

En la Iglesia no podemos pensar que se trata solo de un problema del Gobierno, en el fondo de este fenómeno de criminalidad, se halla una profunda crisis del núcleo familiar, problemas de disfuncionalidad, violencia intrafamiliar y sobre todo carencia de una sólida formación cristiana.

No se trata sólo de una difusa formación en los valores, sino de una verdadera formación en los principios de la ley de Dios y del evangelio. La iglesia, las comunidades parroquiales de estas áreas de conflicto tienen el enorme reto de fomentar una pastoral familiar y juvenil que salga al rescate de estos niños y jóvenes, la catequesis infantil siempre será un instrumento valioso para poner los fundamentos de una verdadera moral cristiana, lo mismo la catequesis para la confirmación de los jóvenes y adolescentes.

No cabe duda de que el Gobierno tiene una grave responsabilidad social, pero la Iglesia tiene una más grave responsabilidad moral de ayudar a las familias, a los niños y jóvenes a profundizar en su fe que, de suyo, rechaza el pecado y sus consecuencias nefastas, claro fruto del crimen organizado.

•Sacerdote y exvocero de la Arquidiócesis de
México.

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/CR

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