Quise titular esta columna así, en alusión a lo que ha sucedido en las últimas fechas con nuestra gente del campo y del ganado; esos hombres y mujeres de sombrero, a quienes habitualmente identificamos como campesinos, productores, ejidatarios o ganaderos y que, lamentablemente, cada vez son menos.
Sin embargo, sin su arduo trabajo, esfuerzo y sacrificio, no tendríamos en nuestras mesas alimentos sanos y nutritivos, que van desde granos, frutas y hortalizas, hasta carne de res, pollo o pescado, lo que significa que de ellos dependemos para nuestra subsistencia y la tan anhelada, seguridad alimentaria del país.
Por ello es importante comprender qué hay detrás de las protestas, bloqueos o manifestaciones campesinas que hemos visto o leído en los últimos días. Como lo he comentado en otros espacios de televisión y radio, no están pidiendo limosna al gobierno federal o a los gobiernos estatales ni a los legisladores, están pidiendo solo lo justo para poder seguir produciendo.
Es realmente increíble que si bien, una de las banderas de la Cuarta Transformación es la autosuficiencia alimentaria y el tan cacareado plan para dejar de importar productos del campo, nuestra gente de sombrero no tenga las herramientas mínimas ni la certeza y certidumbre de que se pagará lo justo por sus cosechas.
La demanda es un precio mínimo de 7,200 pesos por tonelada de maíz blanco para consumo humano, ya que los industriales ofrecen pagar menos de 6,000 pesos la tonelada.
Y si bien los mercados internacionales fijan los precios de commodities como el maíz y el mundo vive una sobreproducción de este grano, se puede compensar a los productores con apoyos directos, infraestructura, acompañamientos, regulación del mercado, eliminación de intermediarios y financiamientos accesibles.
Hablamos de semilla mejorada, fertilizantes, maquinarias, equipos e infraestructura agropecuaria, créditos blandos, acompañamiento desde la producción hasta la comercialización nacional e internacional, así como la generación de tecnologías y nuevos sistemas de producción, aprovechando la experiencia y el entorno productivo de las diferentes zonas del país.
Algo muy claro que saben en el gobierno federal y en el Congreso, es que cualquier recurso otorgado o aportado a este noble sector, se retorna con ganancias y utilidades que aplican, no sólo a su actividad productiva, sino también al entorno que lo rodea, impulsando cadenas de valor, empleos, negocios e ingresos desde sus comunidades hasta en sus estados.
Finalmente, un tema muy importante hoy en día, aunado a lo anterior, es la inseguridad, esa que golpea a todo México y, en particular, al sector productivo.
Ya es momento de poner un alto a la violencia que viven día a día los hombres y las mujeres del campo en todos sus sectores: citrícolas, aguacateros, tortilleros o pescadores, por mencionar algunos, y que van desde extorsiones y amenazas, hasta ejecuciones. Basta.
Desde aquí nuestra solidaridad a mi gente de sombrero.
Luis P. Cuanalo
Empresario y Especialista en sector agropecuario nacional e internacional
Presidente del Colegio de Ingeniero Agroindustriales de México, A.C. (CIAGROIN)
Miembro de la CANACINTRA Sector Agroindustrial