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Columnas
Hace pocos días —tras un prolongado periodo de intensas negociaciones administrativas y ante el creciente clamor social—, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) finalmente concedió la autorización oficial para la venta en México de las vacunas anti- Covid-19 desarrolladas por Pfizer y Moderna. Sin embargo, esta apertura también presenta un dilema significativo en cuanto a la estrategia de vacunación del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en priorizar las vacunas Sputnik y Abdala. La decisión de enfocarse en estas últimas, plantea una gran interrogante sobre su efectividad y seguridad.
¿Representan una opción viable para la población? De acuerdo a los expertos, la Sputnik —desarrollada por el Centro Gamaleya de Rusia, cuyo objetivo es asegurar una protección más duradera y utilizada también en Rusia, Argentina, India, Hungría, Serbia, Emiratos Árabes Unidos, Nicaragua y Venezuela—, no ha sido aprobada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como tampoco la Abdala, con biotecnología cubana. Con un esquema de tres dosis, ésta fue comercializada en algunos países de América Latina y África. De la entelequia mexicana llamada Patria, y que teóricamente, por otro capricho presidencial, prometía ser una solución local a la crisis de la pandemia del Covid-19, mejor ni hablamos.
Con la aparición de nuevas variantes del virus, como la Pirola, surge la interrogante sobre la eficacia de las vacunas existentes frente a estas cepas. El doctor Alejandro Macías, destacado infectólogo y excoordinador de la respuesta a la influenza en México, en sus foros, a través de las redes sociales, ha ofrecido cotidianamente una perspectiva detallada sobre la efectividad de las vacunas Pfizer, Moderna, Abdala, Sputnik y Novavax, ante las nuevas variantes y subvariantes. El especialista mencionó que, aunque las vacunas actualizadas utilizan información de virus más recientes, siempre existirá una brecha entre la vacunación y la evolución del virus. No obstante, indicó que esta brecha se reduce con la actualización constante de las vacunas, que quizá deberán aplicarse cada año y subrayó que, si bien la OMS ha reconocido oficialmente solo a 10 vacunas, excluyendo a Abdala y Sputnik por falta de documentación comprobatoria, esto no implica necesariamente que sean inseguras o ineficaces.
No obstante, hay que destacar que las nuevas vacunas Pfizer y Moderna, basadas en tecnología de ARN mensajero, utilizan una secuencia genética que instruye a las células del cuerpo para producir una proteína específica del virus, desencadenando una respuesta inmune. Los especialistas que he consultado me han dicho que estas vacunas no introducen el virus real en el cuerpo, sino que imitan una infección, para estimular la producción de anticuerpos, proporcionando así inmunidad sin el riesgo de una enfermedad real. Ambas ofrecen una actualización constante para combatir las nuevas variantes del virus y otorgan una cobertura más amplia y efectiva. La experiencia de otros países que han utilizado vacunas de ARN mensajero demuestra su eficacia en la reducción de casos graves y muertes por Covid-19.
Sin embargo, la reciente autorización para la comercialización de Pfizer y Moderna en nuestro país introduce una nueva dimensión a este dilema. Ahora, los mexicanos tenemos la opción de elegir vacunas que se consideran más eficaces, pero a un costo significativo. La decisión es un paso en la dirección correcta, pero en realidad no aborda la cuestión de la accesibilidad. Su precio en el sector privado —que varía entre 799 y 899 pesos—, plantea una barrera económica. ¿Es justo que solo aquellos que pueden pagar tengan acceso a las vacunas más avanzadas y efectivas? Esta situación genera un dilema ético y de justicia, porque —por un capricho presidencial que roza en la mezquindad—, la mayoría de la población tendrá que conformarse con opciones gratuitas, pero menos efectivas. E insisto en que el que la OMS no les haya otorgado su aprobación a las vacunas Sputnik y Abdala, no puede ser un hecho ignorado.
El doctor Roberto Ovilla Martínez, jefe de hematología y trasplantes de médula ósea del hospital Ángeles Lomas —y reconocido por su tratamiento exitoso en el primer caso continental de trombocitopenia inducida por la vacuna AstraZeneca—, también ha compartido recientemente, sus reflexiones sobre las actuales vacunas. Miembro del Grupo Cooperativo de Hemopatías Malignas, destaca la llegada de las vacunas Pfizer y Moderna al mercado mexicano. En su opinión, estas versiones "HD" (alta definición, por sus siglas en inglés) más precisas y efectivas contra las variantes recientes del virus, representan una mejora significativa sobre las formulaciones originales y sugiere que, dada la evolución del virus y las infecciones previas en la población y ofrecen una cobertura más adecuada contra las cepas recientes.
El especialista también aborda el tema de las vacunas Abdala y Sputnik, señalando que ofrecen cierto grado de inmunidad, pero su eficacia contra las variantes más recientes es limitada frente a las cepas más nuevas. Esta observación es crítica, especialmente cuando se considera la necesidad de inmunizaciones actualizadas en el contexto de la pandemia en constante cambio. Ovilla enfatiza la importancia de elegir vacunas actualizadas y critica la decisión gubernamental de seguir promoviendo estas vacunas, sugiriendo que se trata de una medida ineficiente y posiblemente guiada por razones que no anteponen la salud pública. El gobierno debe considerar estos factores y priorizarla sobre cualquier otra consideración, incluidas las económicas o políticas —ha dicho.
La estrategia de vacunación debe ser inclusiva y basarse en la mejor evidencia científica disponible, porque la elección de vacunas no solo afecta a los individuos, sino también al control de la pandemia en general. El gobierno mexicano, al promover a las Sputnik y Abdala, debe proporcionar una justificación clara, porque la transparencia es fundamental para mantener la confianza pública en el programa de vacunación, y a pesar de que estas han sido administradas en varios países, su eficacia frente a variantes recientes y la falta de reconocimiento de la OMS, son factores preocupantes. El desafío radica en equilibrar la necesidad de ofrecer vacunas eficaces, porque la salud pública no debe manejarse con base a las ocurrencias y caprichos gubernamentales.
Y tan sólo para ejemplificar la grave disparidad entre las prioridades del autócrata que despacha en Palacio Nacional —quien ordenó destinar 8 mil 340 millones de pesos para revivir la compañía Mexicana de Aviación—, hay que decir que con este monto se podrían adquirir aproximadamente 9 millones 870 mil dosis de Pfizer o Moderna para vacunar a igual número de personas. Olvida que la salud de la población debe ser la prioridad, y esto implica considerar estrategias para subsidiar o reducir su costo, y garantizar el acceso a vacunas más eficaces y seguras, permitiendo que más mexicanos se beneficien de la protección que ofrecen. Hay que recordarle a la 4T y a su líder moral que la estrategia de vacunación de México debe ser inclusiva, equitativa y basada en la mejor evidencia científica disponible y no en consideraciones económicas o políticas.
Exdiputada federal, asesora de la AC Impulsa y colaboradora del STUNAM