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Por una niñez sin miedo

Por una niñez sin miedo

Columnas miércoles 22 de julio de 2020 - 00:57

Por Ramsés Villalpando

El camino para una sociedad fundada en el amor, tolerante y que no discrimina es una educación abierta, plural e integral, que le permita conocer a sus niños sobre sexualidad, diversidad e identidad de género para que niñas y niños desarrollen autonomía, libertad de pensamiento, conciencia y responsabilidad sobre sus decisiones.
La educación sexual funciona como un mecanismo de prevención para evitar embarazos juveniles, casos de abuso sexual infantil y acoso escolar debido a la invisibilidad de niños no heteronormados. Todos los niños de México merecen información.
Primero, México ocupa el primer lugar en abuso infantil, cada año se registran 5.4 millones de casos, principalmente en los estados de Tlaxcala, Querétaro y Chihuahua. De acuerdo con cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sólo se denuncia 1 caso por cada 100.
Por otro lado, el acoso escolar con base en la homofobia representa un serio problema a nivel mundial. En México, 61% de los estudiantes LGBT reportan haber sido víctimas de acoso escolar homofóbico en sus escuelas. La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en su artículo 13, reconoce el derecho a la vida, a la supervivencia y al desarrollo, el derecho a la identidad, el derecho a la educación y el derecho a la libertad de convicciones éticas, pensamiento, conciencia, religión y cultura. Representa un peligro a la educación de cualquier niño o niña el negar el acceso a la información.
Si se restringe este derecho y los niños crecen con la educación sexual enseñada hasta hoy, que sería la heteronormada y se supedita únicamente a las consideraciones de lo que se acostumbra en una familia tradicional, se cerraría la puerta a la enseñanza sobre las relaciones afectivas y manifestaciones de la sexualidad o del género que no entren dentro del espectro heteronormativo. En pocas palabras, se les negaría el derecho de existir socialmente y a definirse a sí mismos fuera de las estructuras de heteronormatividad debido a que no comprenderían si pertenecen a un espectro afectivo, de manifestación de la sexualidad o de género distinto. En otras palabras, millones de niños viven confundidos, atemorizados y cautivos por una educación excluyente.
Los discursos de odio, juicio y descalificaficación, polarizan y dividen, por eso deberíamos caminar por la senda del amor, la tolerancia y la inclusión. Estoy seguro de que podemos moldear un mundo en el que quepamos todos, sin necesidad de que todos pensemos igual ya que la humanidad es diversa. Porque de cierto digo, que aquel que murió por nuestros pecados fue discriminado por sus ideas.


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