El 1º de septiembre, Claudia Sheinbaum entrega su primer informe de gobierno. Como todo ejercicio de rendición de cuentas, el documento estará colmado de cifras, gráficas y valoraciones. Sin embargo, lo verdaderamente trascendente de este primer año no se mide en páginas, sino en tres ejes que marcan la pauta de estos once meses: la relación con Estados Unidos y Donald Trump, el combate a la pobreza y la desigualdad, y la reforma judicial.
El arranque del sexenio estuvo marcado por la tensión con Washington. Trump, fiel a su estilo de amenazas y presiones, desplegó una batería de acciones: militarización de la frontera, redadas masivas contra migrantes, exigencias en torno al combate al fentanilo, y restricciones comerciales al tomate, al acero y al aluminio. La respuesta de Sheinbaum ha sido efectiva. Ha sabido plantarse con firmeza en defensa de la soberanía mexicana, al mismo tiempo que mantiene abiertos los canales de negociación para evitar una ruptura con nuestro principal socio comercial.
El dato más esperanzador de este primer año de gobierno es que 13.4 millones de mexicanas y mexicanos han salido de la pobreza. No se trata de un logro menor: es quizá la mayor victoria social de los últimos tiempos. Sin embargo, el reto es consolidar esta transformación. Los programas sociales han sido fundamentales, pero su impacto no será sostenible si no se traduce en empleos formales, acceso a seguridad social y movilidad económica real. La agenda de Sheinbaum debe dar un paso adelante: mantener el piso de dignidad que representan los programas sociales, pero apostar por un modelo de desarrollo que genere oportunidades estructurales y permanentes.
El tercer eje del informe es la reforma al Poder Judicial, quizá la más polémica y de mayor alcance en décadas. Con ella, a partir del 1º de septiembre, ministros, jueces y magistrados federales que fueron electos por voto popular asumirán sus cargos. Sus críticos auguran riesgos para la independencia judicial, mientras que sus defensores celebran la democratización de un poder históricamente cerrado y distante de la sociedad. Sheinbaum asumió el costo político de impulsar una reforma estructural, consciente de que su efecto se proyectará más allá de su sexenio.
El primer informe de Claudia Sheinbaum no solo refleja un año de gobierno, sino que anticipa la ruta de su sexenio: soberanía frente a Estados Unidos, justicia social como eje de desarrollo y una transformación constitucional de gran calado. El tiempo dirá si estos pilares se consolidan en logros permanentes o quedan en promesas de ocasión. Por lo pronto, su primer año ofrece luces y sombras, pero también una certeza: la presidenta ha decidido gobernar con convicción y no simplemente administrar la inercia del poder. Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.
@onelortiz
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