Los gobiernos mexicanos hacen del gasto social la herramienta que les permite venderse como "cercanos y preocupados por el pueblo y por los pobres", nada más falso.
Los programas clientelares, perdón los programas sociales que se derivan del gasto social, son en realidad una auténtica fábrica de pobres en el país.
El gasto en desarrollo social, que es la definición correcta utilizada en el lenguaje de la contabilidad gubernamental, creció entre el año 2000 de 435,000 millones de pesos en números cerrados a 850,000 millones en este año, solo el utilizado para programas clientelares, perdón para programas sociales.
Este incremento nominal de poco más de 100 por ciento sería una gran noticia de no ser porque en ese tiempo el crecimiento promedio del PIB del país, no rebasa el 2% anual, cuando dicha tasa debería ser de cuando menos 5%.
Es decir, no existe una correspondencia entre la tasa de expansión de la economía y el crecimiento de los recursos destinados al clientelismo político, perdón quise decir los recursos destinados a los programas sociales.
Cómo sea, de algún lado tienen que salir los recursos para pagar estos programas ya sean clientelares o sociales.
¿De dónde sale este dinero creciente?, no hay que darle muchas vueltas, la respuesta inmediato es de una sola palabra: déficit.
Sí bien México ha mantenido una relativa disciplina en sus finanzas públicas desde hace muchos años, no deja de ser una economía permanentemente deficitaria y eso se refleja en el PIB.
Esto no puede continuar eternamente, es como si usted amable lector permanece años y años financiando el gasto de su hogar con deuda, aunque tenga los ingresos suficientes y recurrentes para pagar, sus finanzas familiares no dejan de ser deficitarias, eso mismo sucede con el país.
Llevamos 25 años de un crecimiento desmesurado en el gasto destinado a programas clientelares, perdón quise decir a programas sociales.
Y como se ven las cosas, dicho gasto amenaza con elevarse hasta el infinito y más allá porque año con año se integran más habitantes a las categorías que los definen para acceder a unode estos programas, ya sea llegar a ser adulto mayor, inválido, en situación de pobreza, etcétera.
Nadie podría estar en contra de apoyar a los desprotegidos, ni de que los recursos de este país se destinen a tan noble fin, en ves de que se los roben como sucedía antes y como sucede ahora.
Pero, la demanda creciente de recursos es una grave amenaza para la estabilidad de la economía, hasta ahora incluso hemos contado con suerte, pero se nos puede acabar.
Es urgente que los programas sociales semana replanteados, o de lo contrario vamos a llevar al país a un laberinto sin más salida que una nueva crisis, de esas que se supone ya habíamos superado, igual que la corrupción.