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Promiscuidad: dinero y corrupción

Promiscuidad: dinero y corrupción

Columnas jueves 13 de agosto de 2020 - 01:00

La primera vez que escuché a un político expresar la frase en cita, quedé perplejo. No solo porque no acabé de entenderla en sus múltiples dimensiones, sino porque mi mente giró en un torrente de corrientes que me confrontaban entre, mi vocación por el estudio de la administración pública, la ciencia política, la sociología y el diseño de políticas y mi prima facie del estudio del pragmatismo político.
Al tiempo observé que, frases como “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, “Pena es robar… ¡y que te cachen!”, “Político pobre, pobre político”, “Sin obras no hay sobras”, “En política la moral es un árbol que da moras”, “Hay que ser puercos, pero no trompudos”, “Amistad que no se demuestra en la nómina es pura demagogia”, “Haiga sido como haiga sido”, “La corrupción puede volvernos un país de cínicos”; delinearon la promiscuidad vigente entre el dinero y la corrupción que el pragmatismo político promueve en la política mexicana como un velo que, con estructuras discursivas propias, se reproduce y se justificaban como una forma de inclusión y auto adoctrinamiento del propio “sistema”.
Incluso, si uno pone un poco más de atención en el combate a la corrupción histórica en México, es posible observar como a lo largo del tiempo este tipo de narrativas no solo justifican la corrupción, si no que permitía a los políticos caídos en desgracia razonar sus actos alegando al hecho de que en realidad son inocentes, pues ellos actuaron a consecuencia del propio sistema que los hizo “víctimas” de coacción, de extorciones, de chantajes, lo que los llevó a realizar prácticas de corrupción como recibir dineros, prebendas o practicar el peculado para no ser perseguidos por el poder en turno.
Hoy por hoy el caso Odebrecht en México pondrá a prueba toda creencia fija sobre los verdaderos intereses del combate a la corrupción en México, pues el caso Lozoya forma parte de una investigación mucho mayor que inició hace años en Brasil, desde donde un grupo de empresas de la construcción, consultores de la comunicación y de las campañas electorales iniciaron una de las ingenierías y estructuras de sobornos más grandes y complejas de las que se tenga registro por su capacidad corruptora y de alcance. Por ejemplo, en Perú, se ha logrado vincular a los últimos cuatro presidentes a sobornos millonario.
Por ello, Lozoya no es un asunto nuevo ni novedoso. Ni producto de una investigación reciente. Fue la justicia brasileña que en 2017 transparentó declaraciones testimoniadas con evidencias sobre las transacciones y sobornos a Lozoya Austin. A lo que se sumó Estados Unidos para que la justicia obligara a las fiscalías a responder y rendir cuentas para atacar las consecuencias de la corrupción...
DE TRAICIONES A TRAIDORES…
“Se prohíbe recompensar al delator y al traidor, por más que agrade la traición y aun cuando haya justos motivos para agradecer la delación”
Juan Pablo Duarte
Contrario a lo que aparece en la televisión, bien valdría la pena preguntarnos si este gobierno ha optado por la parte política y no por la parte legal en el caso Odebrecht.
Pues hay diferencias que duelen: al pueblo, el Insabi; a Robles, la prisión y el desprecio; a Lozoya un brazalete y a su casa. De confirmarse lo político, muy probablemente las ganancias serán para el gobierno en turno (la 4T) en su rentabilidad electoral y no para el país. Y entonces sí, se reafirmaría una frase más: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas”.


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/CR

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