El día de la revocación llegó y se topó con una casi absoluta ratificación. El triunfo de la democracia es incuestionable, aunque se esfuercen los conservadores por quitarle méritos a más de 16 millones de mexicanas y mexicanos, que votaron a pesar de todas las piedras en el camino. Esta victoria fue la mejor que pudo existir en el contexto político, económico y social, actual.
No voy a profundizar en todos los obstáculos que se tuvieron que vencer para la realización de esta consulta, ni a destacar el papel parcial del INE, encabezado por Lorenzo Córdova. Tampoco cuestionaré la guerra sucia de la oposición, tanto en tiempos oficiales, como subterráneamente en redes sociales y con volanteo en las calles del país.
Es tiempo de dar vuelta a la página, lo cual no significa impunidad para nadie. Me refiero a cerrar el capítulo de la revocación y retomar los temas nacionales pendientes, como la aprobación de la reforma eléctrica. No sin antes explicar el por qué considero que el triunfo electoral del domingo, es el mejor posible.
La política es definida por muchos, como el arte de lo posible, Aristóteles fue uno de ellos y posiblemente el primero. Yo cambiaría la palabra arte, por la palabra ciencia. Y es la ciencia política la que se encarga de buscar la felicidad de los pueblos, a través del estudio de las diferentes formas de gobierno; siendo una de ellas la democracia. Ahora bien, hay varios tipos de democracia, rescatando por el momento solo dos, la representativa (votar y ser votado, para representar o ser representado) y la participativa (la ciudadanía participa de manera directa en el rumbo y decisiones del Gobierno y del Estado).
En ambos tipos de democracia se requiere del estudio de los diferentes sistemas electorales, es decir, el cómo se materializan tanto la democracia representativa, como la participativa. En otras palabras, las reglas del juego. Y son precisamente estas reglas, las que determinan el máximo resultado posible, considerando la máxima eficiencia, la máxima eficacia, la máxima participación e incluso lo que en la administración de empresas denominan, teoría de colas o de líneas de espera.
Así, brevemente, por cuestión de espacio, llegamos a la necesidad de entender la importancia de la cantidad de casillas, más allá de dificultar el acceso y desincentivar la participación; sino que debemos ver la capacidad de atención de acuerdo a la conformación de las mesas directivas que atienden a las y los electores.
Ya sabemos que se instaló solo la tercera parte de las casillas, 57,449 y que el domingo votaron más de 16 millones de personas. Lo que arroja un promedio de 287 electores por casilla. Y tomando en cuenta que las casillas, en un escenario óptimo, funcionan durante 10 horas, tenemos que cada 2 minutos se atendió a una persona, con el siguiente procedimiento: revisar credencial, revisar y marcar el listado nominal, entregar boleta, marcar la opción deseada, doblar la boleta y pasar a depositarla a la urna, recibir la credencial y el entintado del dedo pulgar. Todo esto en tan solo 2 minutos y sin considerar múltiples factores adicionales (edad, discapacidad, analfabetismo, etc).
Confirmándose que, los votos alcanzados con este número de casillas, es un buen número, ¿se podría haber logrado mayor votación con esa cantidad de casillas? Sin duda, pero no muchos y para ello, tendrían que revisarse otros factores como la preparación y habilidad de los funcionarios de casilla, y la fluctuación precisa y constante de los electores, entre otros aspectos, algo prácticamente imposible de controlar. Por eso, el resultado obtenido, comparado con los resultados opositores en elecciones pasadas, tiene tan contentos al presidente Andrés Manuel López Obrador y a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y tan preocupados a los conservadores.
ENTRE GITANOS.
La reforma eléctrica va. Si no se logra reformar la constitución, el Presidente López Obrador propondrá reformar la Ley Minera y así proteger el litio mexicano.
*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com