En reciente evento académico en la Facultad de Derecho de la UNAM, la Dra. Rosario García Mahamut, experta española reconocida internacionalmente en el tema electoral, impartió extraordinaria Conferencia Magistral sobre el voto de las españolas y los españoles en el exterior, a partir de una reforma legal actualmente en curso en el país ibérico, que procura facilitar el proceso, complejizado indebidamente desde 2011. “Voto rogado”, se le llamó.
En mi turno para comentar la exposición, reconocí la pericia técnica y el dominio teórico de la Dra. García sobre su materia. Por indicación del Director de la Facultad, el Dr. Raúl Contreras Bustamante, que presidió el evento, aporté algunos elementos sobre el modelo mexicano del voto en el exterior.
En nuestro país, en la reforma constitucional de 1996 se eliminó la restricción territorial que existía para emitir el sufragio y permitió el voto de la ciudadanía independientemente del lugar en que se encontraran las y los electores el día de las elecciones. Empero, fue hasta 2005 que se reformó la ley electoral para desarrollar e implementar este mandato constitucional.
Al día de hoy, nuestras normas disponen que el ejercicio del voto de las y los mexicanos residentes en el extranjero podrá realizarse por correo, mediante entrega de la boleta en forma personal en los módulos que se instalen en las embajadas o consulados o por vía electrónica.
Según registros públicos del INE, hay una historia peculiar de la participación de nuestras paisanas y paisanos en las elecciones federales para la presidencia de la república, sobre la que hay reflexionar de cara al proceso electoral 2023-2024.
En el 2006 se inscribieron 40,876 personas para votar desde el extranjero. De ellas, 32,621 votaron, lo que representó un 79.8% de participación, pero equivalente a apenas el 0.045% de la lista nominal nacional de electoras y electores, que aquel año fue 71.50 millones de personas.
En el 2012 se inscribieron 59,115 personas. De ellas votaron 40,714, lo que representó un 68.87% de participación, aunque solo equivalente a 0.051% de la lista nominal nacional de ese año, que fue de 79.45 millones de registros.
Finalmente, en el 2018 se inscribieron 181,873 personas. De ellas votaron 98,470, lo que significó un 54.14% de participación, pero equivalente al 0.11% de la lista de ese año, que fue de 89.12 millones.
Los números arrojan una tendencia creciente pero preocupante. Efectivamente, cada elección presidencial se inscribieron más personas con la intención de votar y de ellas votó un porcentaje cada vez más alto. Además, en cada elección, el porcentaje de votos desde el extranjero ha ido subiendo respecto del gran total de la lista nominal nacional. Sin embargo, no hay nada que celebrar, pues aún no llegamos siquiera al 1%. Los datos son claros y tristes. El INE y el Congreso tienen la palabra.
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