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SALUD MENTAL Y APOYO PSICOSOCIAL  PARA LAS Y LOS MAESTROS DEL ESTADO DE MÉXICO

SALUD MENTAL Y APOYO PSICOSOCIAL PARA LAS Y LOS MAESTROS DEL ESTADO DE MÉXICO

Columnas miércoles 15 de abril de 2026 -

Lucía llevaba más de 15 años frente a grupo en primaria. Era de esas maestras que organizaban festivales, escuchaban a sus alumnos y siempre tenían una palabra de aliento. Con la pandemia, su jornada se duplicó: clases en línea, reportes interminables y padres de familia demandantes a cualquier hora.

Al principio lo resistió. Después empezó el insomnio. Luego, la ansiedad. Un día, en plena clase virtual, simplemente se quedó en silencio. No podía hablar. No era cansancio: era un colapso emocional. Lucía nunca había considerado pedir ayuda. “Los maestros aguantan”, le habían enseñado. Hoy, tras terapia, reconoce que lo que vivió fue agotamiento extremo.
Historias como esta, sobre la salud mental de las y los docentes no suelen aparecer en los informes oficiales, pero viven todos los días en las aulas, en los pasillos, en silencio.

Contarlas no solo humaniza el problema, también permite entender la importancia y trascendencia de la reciente reforma aprobada por el Congreso del Estado de México en materia de salud mental para las y los docentes, la cual no solo representa un ajuste normativo: es una señal política de gran alcance, porque por primera vez, se reconoce de manera explícita que el bienestar emocional del magisterio debe ser atendido mediante políticas públicas estructuradas, con la participación coordinada de autoridades educativas y de salud.
Esta iniciativa impulsada por el diputado Rigoberto Vargas Cervantes, presidente de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología e Innovación, toma relevancia ya que al ser maestro, su planteamiento ha sido claro y contundente: atender la salud mental de las y los maestros no es un tema accesorio, sino un acto de justicia y una condición indispensable para garantizar una educación de calidad. En otras palabras, no puede haber excelencia educativa sin bienestar docente.
Durante años, el sistema educativo ha operado bajo una lógica que exige a los docentes no solo enseñar, sino también contener, orientar y acompañar emocionalmente a sus estudiantes, muchas veces sin herramientas ni respaldo institucional. Esta sobrecarga ha sido normalizada, como si la vocación fuera suficiente para resistir cualquier nivel de presión. Sin embargo, la realidad ha terminado por desmentir esa idea.

En el ámbito nacional, la discusión sobre la salud mental docente ha comenzado a ganar terreno. El dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación(SNTE), Mtro. Alfonso Cepeda Salas, ha insistido en que este tema debe dejar de ser secundario, y ha sido enfático al expresar que hay una necesidad urgente de atender el estrés, la ansiedad y el agotamiento que enfrentan las y los maestros, que no se puede exigir al magisterio ser el sostén emocional del sistema educativo sin garantizar condiciones mínimas de equilibrio personal y de bienestar integral.

Ambas posturas han puesto sobre la mesa una verdad incómoda: el desgaste docente no es un problema individual, sino estructural. Y, como tal, requiere respuestas institucionales. En ese sentido, la reforma aprobada en el Congreso del Estado de México, se inserta en una tendencia más amplia que busca transitar de la reacción a la prevención.
El valor de esta medida radica en su enfoque integral. No se limita a la atención de crisis, sino que propone la colaboración de la Secretaria de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación y los institutos de salud para la implementación de planes y programas para la promoción, protección y atención de la salud mental y el apoyo psicosocial de las maestras y los maestros; garantizar su acceso a estos servicios en modalidades presencial, telefónica o en línea; e impulsar la adopción de protocolos para la prevención y atención de la violencia en su contra, cuando resulte procedente
Esto implica entender la salud mental no como un estado excepcional, sino como una condición que debe cuidarse de manera permanente. Además, la coordinación entre sectores —educación y salud— rompe con una de las principales debilidades de las políticas públicas en México: la fragmentación. Atender la salud mental docente desde una perspectiva interinstitucional abre la posibilidad de construir entornos laborales más sanos, donde pedir ayuda no sea un signo de debilidad, sino un derecho garantizado.

La relevancia de esta reforma también radica en su potencial replicador. En un país donde el estrés laboral afecta a una gran parte de la población y donde el magisterio enfrenta condiciones particularmente exigentes, lo ocurrido en el Estado de México puede sentar un precedente para otras entidades.
Cuidar a quienes enseñan no es un gesto simbólico, es una condición indispensable para garantizar el derecho a la educación. Porque detrás de cada aula hay personas que también enfrenta miedos, cansancio y presión.
Reconocerlo, atenderlo y actuar en consecuencia no solo dignifica y revaloriza al magisterio: fortalece el aprendizaje de las y los millones de estudiantes y al sistema educativo del país.

DRA. ROSALIA ZEFERINO SALGADO
Asesora en Comunicación Estratégica e Imagen Pública
Integrante de la Red de Mujeres por la Educación (MuxED)


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