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Salud, un derecho humano.

Salud, un derecho humano.

Columnas jueves 21 de mayo de 2020 - 00:59

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Organización de Naciones Unidas, encontramos un punto de partida para el mundo nuevo que necesariamente vendrá, con esta crisis sanitaria que nos demuestra que el viejo camino lleva a la catástrofe humana. Son 30 artículos, muchos redactados hace más de 70 años, pero que no han perdido su vigencia esencial, además de que algunos no se han ‘estrenado’ siquiera, podríamos decir, porque han sido letra muerta.

En lo relativo a la salud y el bienestar, que es donde nos estalló esta crisis, tenemos el:

Artículo 25

• 1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

• 2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
En un mundo donde la salud, la alimentación, el vestido, la vivienda y demás, son temas de negocio y no de derecho humano este artículo es nada, una entelequia.

En el mundo nuevo, tenemos que volver a los antiguos valores, irónicamente. Esta declaración de la ONU, nace en otro momento crítico de la historia, el final de la llamada segunda guerra mundial que encuentra una economía devastada y una humanidad hambrienta y depauperada.
Por algún tiempo, se contempló como indispensable atender lo necesario para recuperar tanto la economía como la dignidad humana. Además, la división del poder político mundial y la existencia de ideologías antagónicas obligó a los gobiernos a esforzarse para demostrar que tenían razón, por un lado y verdadera preocupación por el bienestar de sus gobernados, por el otro. Así, la salud pública general y gratuita en lo básico, por ejemplo, se garantizaba.

Para desgracia del planeta, en los años ochenta del siglo pasado se conjuntaron circunstancias que llevaron a una nueva conformación de la economía, el inicio de lo que se llamó neoliberalismo, un capitalismo brutal y descarnado que olvidó los derechos humanos fundamentales, en favor de una teoría acumulativa de bienes que alguna vez se ‘derramaría en favor de las mayorías’, según la falacia que prometía ‘libertad’ a cambio de desigualdad.

Por cierto, esa nueva economía tuvo padre en Reagan, madre en Thatcher y bendición en Juan Pablo II, además de un inocente a quien prometieron bautizo y le dieron exequias, Gorbachev, pero esto es tema de alguna columna futura.

Hoy, lo que creo es que tenemos que retomar lo abandonado, cambiar la concepción neoliberal de que todo es negocio y todo negocio es legítimo -y acumular bienes es el sentido último de la vida- y volver a considerar al ser humano y sus derechos fundamentales como el centro y el fin de toda actividad.

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/CR

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