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Seguridad a touchdown

Seguridad a touchdown

Columnas lunes 07 de septiembre de 2020 - 00:43

A mis Águilas Blancas.
A quienes, con pasión,
trabajan por la seguridad
y la justicia.



La diferencia entre gusto y pasión es abismal. Puede gustarnos un cuadro, pero apasionarnos la pintura; agradar una canción y apasionar la música; seducirnos un libro, apasionarnos la lectura. A mí me gusta el deporte y me apasiona el futbol americano. Razones son varias (motivo de otro texto), pero en el emparrillado identifico también el modelo de seguridad que quisiera para México:
—El indisciplinado no tiene lugar en el equipo. Como debiera ser en las policías de los tres órdenes de gobierno.
—Las estrategias se ajustan de acuerdo al rival, a quien se estudia antes de enfrentar en el terreno de juego. Como la Inteligencia criminal.
—Al adversario se le respeta. El jugador se forma para golpear con gallardía e imponerse, no para lesionar y comprometer la salud del contrincante. Escencia de la actuación policial. Poder de detención antes que fuerza letal.
—El entrenador diseña un plan de juego, pero permite a su mariscal de campo, bajo ciertas circunstancias, elegir la jugada. Solo quien está en la cancha conoce su pulso. Como los elementos en la zona de conflicto cumpliendo una orden superior.
—Hay árbitros que velan por hacer cumplir las reglas del juego en cada zona del terreno. El árbitro central escucha a los demás antes de pronunciarse sobre la falta cometida y el castigo. Sería ideal juzgar la actuación policial con información detallada de las circunstancias del hecho concreto durante su desarrollo, no a la luz del saldo final.
—El uso de la tecnología está reglamentado para que detalles imperceptibles al ojo humano, sean validados. Así, las decisiones arbitrales se respetan por ambos equipos y millones de personas a través del televisor. Eso equivaldría a entender la actuación policial no por una sola imagen o secuencia de video, sino en un contexto amplio.
—El futbol americano es unión. Se acostumbra después de cada partido, independientemente del resultado, hacer una convivencia de equipo, staff y familias. El jugador se torna centro de unión y armonía. Su esfuerzo en el emparrillado se celebra sin excesos ni frivolidades. Como los discretos festejos tras una gran detención efectuada por policías.
—Para “equiparse” se pasan durísimas pruebas físicas y mentales. Bajo lluvia o sol, el jugador lucha por un lugar en el conjunto. Su motivación es portar el jersey y defenderlo cual segunda piel. Como quienes se forman en las academias policiales.
—Los atletas que terminan su vida activa se tornan símbolos de la comunidad. Referentes que impulsarán a sus hijos y otras generaciones a recorrer la misma senda. Como los policías por vocación y convicción.
Razones de espacio me impiden seguir.
Policías y jugadores son un equipo de profesionales que procuran el bien colectivo con idéntico sentido de ética, esfuerzo y sacrificio. “Expertos en el arte de lograr su objetivo”, como dice Ahmed Becerril, ex jugador de las Águilas Blancas del IPN.
¡Que comience el partido!

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/CR

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