Según la presidenta de México, el desempleo en el país es tan bajo que solamente Japón nos supera en este indicador a nivel global.
Sí las cifras son ciertas, el país vive un fenómeno de casi pleno empleo, lo que ha llevado al gobierno a celebrar con bombo y platillo señalando que es un hito histórico mas, otra gesta histórica de los "diferentes e históricos", según nos dicen.
Los comparativos globales nunca son certeros ya que no existe una metodología mundial que pudiera hacer comparables a las naciones, la simple comparación con Japón, una nación que lleva décadas en pleno empleo y cuyos indicadores de productividad no son comparables con los nuestros, hacen ridículo el jolgorio gubernamental para quienes tenemos un mínimo de sentido de las cifras y los indicadores financieros.
Pero más allá de eso, existe otro indicador que deja de lado cualquier entusiasmo y nos debe llevar más bien a la reflexión sobre hacia dónde va nuestra economía.
Según las cifras oficiales del INEGI, el 54 por ciento de la PEA (Población Económicamente Activa), trabaja en la informalidad, pero las estimaciones de analistas privados consideran que esa cifra se ubica alrededor de 57 por ciento y los más extremos, los "corruptos", los que "perdieron sus privilegios", dicen que la tasa de informalidad llega ya al 60 por ciento de la famosa PEA.
¿Es para celebrar que México tenga una baja tasa de desempleo con una metodología cuestionable que incluye como empleado quien simple y sencillamente dice que en determinado periodo no buscó empleo?
¿Es para celebrar que 6 de cada 10 personas trabajan en la informalidad sin prestación de ningún tipo?
¿Tenemos que celebrar que México es en su mayoría una economía informal?
Como siempre, les hablan a los suyos, al pueblo bueno y sabio pero profundamente mediocre e ignorante, ese que, paradójicamente, llena las calles del país con su mercancía ilegal, a ese mismo le pidió la presidenta celebrar el que llamó "histórico bajo desempleo", el surrealismo mexicano no tiene límites.