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Soul

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Columnas viernes 08 de enero de 2021 - 00:03

Antonio Rodríguez

Desde sus inicios en la casa productora Pixar dejó claro que tomaría un camino distinto al de la compañía Disney, de la cual emanaba, apelando siempre a la inteligencia del público tanto infantil como adulto, tocando temas con mayor profundidad y diferentes en términos de cine infantil.

El último filme de Pixar dirigido por Pete Docter vuelve a ser un paso arriesgado al tratar temas como la muerte y la búsqueda de plenitud del ser humano, bien ahí, por apelar a la inteligencia e invitar a la reflexión, pero lastimosamente, se queda a medias.

Joe Gardner es un profesor de música que enseña en una escuela pública. Por años ha intentado seguir su pasión musical y dedicarse completamente al jazz sin la necesidad de dar clases. La oposición de su madre por este tipo de vida, que siempre le ha dicho que es mejor tener un salario seguro – con todos los beneficios que conlleva- es mejor que vivir de aire, siguiendo un sueño que según ella no tiene futuro, ha sido la principal ancla.

Un día, nuestro protagonista, consigue una audición para tocar con una banda local con cierto renombre, y tal vez sea la oportunidad que tanto ha buscado, por desgracia Joe muere y su alma termina en camino al Gran mas allá, una vida después de la vida.

Esta idea arriesgada que pudo haberse tropezado con dogmas religiosos está muy bien surcada en cuestión de bases filosóficas, pero en cuestión de desarrollo de guión, es en donde encontramos uno de sus principales problemas.

El alma de Joe termina siendo confundida y se le da la misión de guiar a 22, un alma sin propósito, a encontrar su chispa de vida, que se traduce como su pasión en la tierra, y así poder bajar al mundo.

Pixar siempre apelando a la melancolía de buena manera, sabe que un tema difícil debe saberse dar, y que para que el filme tenga un equilibrio perfecto entre adultos e infantes, el humor es base primordial, aquí parece olvidarse de esto, y el humor es casi invisible, hay pocos gags graciosos.

Aunado a lo anterior el guión se contradice en varias ocasiones, por un lado nos dicen que para bajar a la tierra es necesario tener una chispa que es nuestra personalidad y pasión y por otro nos dice que tampoco es tan importante, que con vivir es más que necesario.

Sin duda Soul es un filme que invita a la reflexión, pero no sé si tanta ambigüedad sea buena, sobre todo teniendo una generación terriblemente nihilista. En el tema de las almas en pena se evita profundizar, y era bastante interesante, dando pie a un final que yo definiría de cobarde, poco lógico con la trama y complaciente.

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/CR

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