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Columnas
La agenda del gobierno de Estados Unidos respecto a México se mueve a pasos acelerados: antes que hablar del T-MEC, se hará lo impensable hasta hoy para detener el tráfico de personas, drogas y neutralizar el poder de los cárteles criminales que operan en México.
Acá parece que no se ha tomado nota del tornado inminente: no hubo partidas extraordinarias en el presupuesto para las instituciones mexicanas que protegen a nuestros connacionales allá (consulados) ni a los deportados o migrantes acá (Instituto Nacional de Migración, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, ni las ciudades fronterizas). Los himnos a los migrantes suenan huecos para miles de personas deportadas que pasarán frío y hambre al cruzar la frontera, sean o no mexicanos. Estarán por meses en Tijuana, Juárez, Reynosa, Nuevo Laredo y demás ciudades fronterizas. El año nuevo será cruel para miles.
Las loas a los migrantes que arriesgan sus vidas por un mejor futuro debería ser afrenta nacional, porque refleja el estancamiento de nuestra economía por las malas decisiones que se han tomando de manera constante y recurrente en los últimos años. A cada cierre de empresa o inversión, se pierden oportunidades de negocio, empleo y cobro de impuestos. Hoy el estado de Texas es el principal ganador de la relocalización que se esperaba México captara en los últimos años. La no construcción de la planta de Tesla en Nuevo León es un ejemplo.
Si a partir del 20 de enero el gobierno de Estados Unidos declara a los cárteles mexicanoscomo organizaciones terroristas, la ventana para la intervención armada en nuestro paísestará abierta. ¿Cómo se podría materializar esto? De manera semejante a como se erradicó ISIS en Siria o se asesinó a Osama bin Laden en Pakistán: con una combinación de drones teledigiridos, congelamiento de cuentas bancarias y escaramuzas de comandos especiales para detener o abatir a los líderes criminales en Sinaloa, Jalisco, Michoacán, la Ciudad de México, o cualquier lugar en donde se encuentren.
Si este escenario fuera realidad en 2025, podrá haber condenas internacionales, demandas en la Corte Penal Internacional, la solidaridad latinoamericana será una, pero nadie intervendrá para revertirlas. Estamos en una situación de una vulnerabilidad como nunca antes: la militarización de la seguridad pública y del gobierno en general envenenó al ejército y acabó con nuestra policías civiles. Hoy tenemos un gobierno nacional más vulnerable y menos operativo que hace diez años. Nuestros soldados y policías mueren víctimas de la capacidad de fuego de los criminales, incluyendo minas antipersonales y coches bomba.
Mientras esto pasó, casi todos los esfuerzos legislativos del último trimestre se enfocaron en cooptar al Poder Judicial y concentrar poder para el Ejecutivo Federal; como si 2025 fuera 1975, mientras el tornado cobra fuerza.
Posdata: hoy que es Nochebuena, agradezcamos lo que somos y tenemos, que la vida es un suspiro, y si bien todo pasa, viviremos en el recuerdo de alguien.